La más reciente encuesta Gallup ha vuelto a estremecer el escenario político dominicano y, como siempre ocurre, inmediatamente comenzaron las interpretaciones interesadas, los análisis acomodados y los intentos de construir percepciones favorables para determinados sectores.
Sin embargo, más allá de los titulares y de las narrativas fabricadas, hay una realidad política que cada día parece más difícil de ocultar: en el panorama electoral actual, el partido con mejor proyección para ganar las próximas elecciones del 2028 lo es el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Y esa es precisamente la verdad que muchos no quieren admitir.
Durante años se intentó vender la idea de que el PLD había desaparecido políticamente. Después de la derrota del 2020, la división interna, la despiadada persecución política, y el golpe electoral del 2024, muchos apostaron a que la organización morada terminaría convertida en un partido minoritario, sin capacidad de recuperación y fuera de la competencia real por el poder. Pero la realidad política parece estar tomando otro rumbo.
La Gallup vuelve a demostrar que el PLD sigue siendo una fuerza determinante dentro del sistema político dominicano, aun cuando, a decir verdad, quizás no fue lo suficientemente justa con el partido morado.
He tenido acceso a otras mediciones y estudios de opinión donde el PLD aparece con números considerablemente más altos que los reflejados en Gallup, lo que deja entrever que el crecimiento real de esa organización podría estar siendo incluso subestimado en ciertos análisis públicos.
Porque cuando un partido que ha sido sometido durante años a ataques permanentes, campañas negativas, divisiones internas y derrotas electorales todavía logra mantenerse competitivo y, además, mostrar señales claras de crecimiento, significa que conserva una base política, social y territorial mucho más sólida de lo que algunos quieren reconocer.
Y aquí es donde comienza a configurarse el aspecto más importante del actual escenario político: el PLD es hoy el único partido que exhibe una tendencia claramente ascendente.
Mientras el partido morado sube, los demás comienzan a mostrar señales evidentes de desgaste, estancamiento o caída libre.
La inflación, el alto costo de la vida, la inseguridad, el deterioro de servicios esenciales y la percepción creciente de improvisación administrativa y opacidad en el manejo de los recursos públicos, han ido erosionando la confianza de amplios sectores de la población.
Lo que antes parecía una maquinaria política invencible hoy comienza a lucir agotada y desconectada de muchas de las preocupaciones reales de la gente.
Por otro lado, la Fuerza del Pueblo (FUPU) tampoco ha logrado el crecimiento que muchos proyectaban. Más bien, da la impresión de haberse desgastado políticamente, sin conseguir, siquiera, mantenerse en el techo electoral que ha mostrado durante los últimos procesos.
Y en medio de ese panorama, el PLD continúa creciendo, incluso, sin haber definido todavía una candidatura presidencial oficial. Ese detalle es quizás el más revelador de todos.
Porque si el PLD ya aparece creciendo y fortaleciéndose sin candidato definido, entonces resulta lógico pensar que la escogencia de una figura presidencial fresca, popular, carismática y con capacidad de conectar emocionalmente con la población podría impulsar aún más el ascenso electoral de la organización.
Ahí es donde muchos parecen no estar comprendiendo la magnitud del fenómeno político que podría estar gestándose.
Existe un segmento importante de la población que comienza a comparar la situación actual del país con los años de gobiernos peledeístas.
Y aunque el PLD todavía arrastra el peso del desgaste acumulado tras tantos años en el poder, también es cierto que muchas personas vuelven a valorar aspectos como la estabilidad económica, la capacidad gerencial, la planificación estatal, bajos niveles de inflación, y las grandes obras de infraestructura desarrolladas durante sus gestiones.
Claro está, sería irresponsable caer en triunfalismos prematuros. El PLD todavía tiene desafíos importantes por delante. Necesita seguir renovando su imagen, reconectar con sectores jóvenes, con sectores de la sociedad civil, y fortalecer los niveles de credibilidad afectados por errores del pasado. Pero políticamente hablando, el partido morado parece haber entrado en una fase de recuperación sostenida.
Y en política, las tendencias suelen decir mucho, más que una simple fotografía momentánea. Por eso, la Gallup deja una realidad que muchos no quieren admitir: mientras unos partidos bajan, el PLD sigue subiendo.
Y si esa tendencia continúa consolidándose en los próximos meses, no hay duda de que el Partido de la Liberación Dominicana podría terminar convirtiéndose nuevamente en la principal fuerza política y electoral de la República Dominicana de cara al 2028.


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