El postrero acto político de Fulgencio Espinal ocurrió el 5 de este mes cuando se conmemoraba el 56º aniversario de la llegada a Santo Domingo de una delegación del Partido Revolucionario Dominicano, fundado en Cuba en 1939, por Juan Bosch y otros opositores al régimen despótico que gobernaba en República Dominicana.
Espinal propuso a la dirigencia de ese partido que la conmemoración de la gloriosa fecha fuera dedicada a la solidaridad con el pueblo venezolano “en su lucha contra la sangrienta dictadura militar que lo oprime”. Pero el pedimento fue rechazado para no contradecir las posiciones del ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Vargas, quien también es presidente del PRD.
Desgraciadamente, Espinal falleció el pasado miércoles en un accidente de tráfico en la avenida George Washington en el que también resultaron lesionados su esposa, Adelfa Mckinney, y el conductor del vehículo que lo embistió. Con esta muerte cierra un capítulo de la lucha por la democracia y las libertades del pueblo. Desaparece un quijote.
Militó en el PRD desde su instalación en el país, tras la decapitación de la dictadura de los Trujillo. Era un adolescente que activaba desde el lejano Loma de Cabrera, municipio donde nació y se crió. Luego ingresó a la Universidad Autónoma de Santo Domingo y se destacó como dirigente estudiantil y conquistó la jefatura de la Federación de Estudiantes.
Más que haber sido diputado en dos ocasiones, administrador de la Lotería Nacional y secretario de la Presidencia, en Espinal hay que destacar que sobresalió por encarnar las ideas de avanzada en un partido en el que convergían obreros, profesionales, agricultores y hombres de la alta burguesía. Su línea ideológica le acarreó marginaciones y persecuciones.
Cuando el PRD fue disminuido y entregado a sus adversarios, extrañamente Fulgencio Espinal permaneció allí, quizá con la esperanza de que esa organización retornara a su original filosofía: democracia plena, justicia social y el auténtico nacionalismo. Completó más de medio siglo en la actividad política, pero vivió y murió modestamente.
El 4 de julio, en el parque Mirador del Sur, donde nos saludábamos a diario, me entregó un documento en el que reclamaba de su partido solidaridad con Venezuela: “Hoy que el bravo pueblo venezolano ve caer a sus hijos con el pecho descubierto enfrentando las metralletas del gobierno de hambre, miseria y calamidades” que preside Nicolás Maduro.
Quizá se equivocó al creer que quienes le rodeaban en la cúpula perredeísta todavía sientan alguna chispa del internacionalismo que caracterizó al PRD. En protesta, optó por no hablar en los actos del 5 de julio. Fulgencio Espinal seguía siendo un hombre de luces y buen sentido político. Un gesto de gratitud del PRD hacia el pueblo venezolano fue su última voluntad. Y ya ven.
JPM


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