Exposición de Objío Subero: Sentencias, Jueces y Abogados

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La de abogado es una profesión curiosa, una disciplina que se presta como base y fundamento para tantas otras, por el contenido de su programa de estudios que se interesa en la historia, la política, las lenguas, y los fenómenos culturales, en el país tenemos ejemplos de abogados periodistas, bastante corriente, abogados literatos y más escasos los abogados pintores, ese es el caso de Gilberto Objío Subero. Pintor desde niño por afición y hoy pintor profesional por decisión, por vocación. En este raro interés por la realización pictórica habría que indicar los pasos que viene dando Fernando Casanova, de hecho ya crítico e historiador de arte. Autodidacta, confesado admirador del arte pictórico desde la niñez, más adelante de sus autores, su historia, las corrientes y tendencias estilísticas, que perseguía en sus momentos de ocio, en el tiempo libre en su agenda prioritaria de convertirse en profesional del derecho, llega a su primera exposición individual sin proponérselo, de manera intuitiva, y de la manera más apropiada, de manos del estilo más idóneo para representar y expresar con conocimiento de causa, desde su fuero interno, porque solo así es auténtica la expresión, con su serie de obras agrupadas bajo el título “Sentencias, jueces y abogados.” Nada más corrompido, asqueroso y putrefacto que el ejercicio de la justicia en nuestro país, y es por eso que en el planteamiento formal, en el tema de nuestro contundente, corrosivo, demoledor y joven artista, como con conocimiento de causa identifica su curador Abil Peralta Agüero, asociándolo a la corriente del expresionismo alemán, y emparentado directamente con uno de sus máximos representantes Otto Dix. Lo burdo, lo grotesco, la sátira y el sarcasmo constituyen los elementos más idóneos para su representación y expresión. Los jueces aparecen como los títeres del poder y el dinero, cínicos e indiferentes, el individuo minimizado y sometido por las reglas y las leyes, los propios conflictos internos y luchas de sus protagonistas por imponer su verdad. Si bien es cierto que el discurso de la mentira prevalece en todos los ámbitos de la sociedad contemporánea, la abogacía es una de las profesiones que en el ejercicio de la demanda o la defensa está de manera oficial autorizada a ejercerlo. A este fenómeno no escapa ni el periodismo, profesión llamada a descubrir la verdad y ponerla de manifiesto, sobre todo cuando su práctica responde a intereses de grupos económicos o está controlada por grupos de partidarios políticos. Ya en una oportunidad, al intervenir con una ponencia el año pasado en un Coloquio de Crítica de Arte organizado por Odalís Pérez para la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, expuse la necesidad de incluir la materia de la Mentira en los programas de la Facultad de Humanidades. Periodismo, artes, ciencias políticas, sociología, antropología, etc… En la actualidad el arte propiamente dicho, en especial el cinematográfico, el pictórico y visual fotográfico, son los medios de expresión que en manos de individualidades muy especiales hacen honor a la disciplina por medio de la libertad de expresión, la síntesis en la búsqueda de la verdad de los fenómenos sociales, económicos y culturales. Valga el desarraigo, la valentía, el desafuero y el atrevimiento, primero de su autor Gilberto Objío, con sus planteamientos y evidencias, no exentas de dominio en las técnicas pictóricas, los recursos de expresión y la forma, más la valoración del curador y de la propia institución cultural, ya, a pesar de su corta vida y existencia, establecida como una de las principales de la ciudad de Santo Domingo y el país.

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