El abuso infantil tiene tantos disfraces. Su interior es como una celda que encierra los más variados tipos de maltrato, como las “correcciones” denigrantes y deja hondas cicatrices no siempre tan fáciles de palpar.
Incluye a dos grupos de maltratadores.
Están los que maltratan con intenciones reales de ayudar, pero con las herramientas equivocadas y los que lo hacen con el propósito de castigar, a sabiendas del mal que generan. Estos suelen actuar en público, “para provocar vergüenza” y “cambios”.
Ambos están encerrados en las cárceles de sus propias convicciones. A veces entre paredes de una antigua forma de criar de la que fueron objeto y que de manera automática o premeditada replican en sus víctimas. En eso convierten a los objetos de sus correcciones con el pretexto de hacerlos “gente buena”.
Así es formada una larga cadena de patrones negativos que tienen por lo general antecedentes como la propia frustración del que “corrige”, que descarga su ira, o el rechazo que puede provocarle el blanco de sus críticas.
La situación es más común en familias extendidas y este plano no es limitante a grupos que cohabitan bajo un mismo techo.
Abarca igual a esas con contacto permanente y en los dos casos esa cercanía implica asumir el derecho a corregir, a imponer sus criterios, incluso por encima de los padres, cuyo papel queda relegado sino aplican su autoridad para educar a los hijos.
Los progenitores que son arrastrados por esa vorágine, suman dolor a sus vástagos, al cargarlos de reproches, porque están basados sobre la corrección que a su vez ejercieron sus progenitores, en el temor a las murmuraciones de sus parientes o en ver reflejada su propia vida y el miedo a repeticiones.
Ese argumento de que “a los muchachos no hay que elogiarlos para no dañarlos”, fomenta una sociedad condicionada a humillar, a estar al acecho de los errores ajenos. Tal vez para ocultar en ellos los propios.
Ese comportamiento crea gente que desconoce sus talentos o que duda de que los tenga porque nadie la ayudó a identificarlos o porque cuando alguien los mencionaba, otros estaban allí para resaltar defectos.
jpm

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