Insistimos, si el problema migratorio y la crisis aguda que sacude al vecino Haití representan un peligro y una seria amenaza en diversos órdenes para todos los dominicanos, mal haría la oposición o cualquier otro sector con un mínimo sentido patriótico con echarse a un lado y dejar que el gobierno cargue solo con lo que a todas luces resulta un muerto muy pesado.
Por eso, cuando el presidente Luis Abinader invitó a una cumbre a los exgobernantes Fernández, Medina y Mejía con miras a llevar una preocupación compartida por el liderazgo político nacional sobre el tema a la comunidad internacional, el primero hizo bien y los convocados también lo correcto, al firmar una carta que de inmediato surtió un primer efecto.
Estando lejos el proceso electoral, habría sido impolítico, imprudente o “politiquero” rechazar la cortés invitación del jefe del Estado y ponerse de espaldas a lo que, hoy en día, representa el primer problema de la nación, y que a todos nos concierne. De ahí que no comparta la opinión de algunos amigos – políticos y colegas – de que la oposición cayó en una trampa y se dejó embullar por el gobierno e imponer su agenda sobre el tema haitiano-migratorio, descuidando su rol en las calles y campos del país acompañando al pueblo en sus diversos reclamos.

El tema Haití, y salvo que se quiera hacer política barata e irresponsable con esto, no debe ser – ni verse – como agenda del gobierno, sino como agenda del país. Porque en todo caso, si hay fracaso en este intento oficial, el daño o perjuicio no sería exclusivo de quien gobierna, sino de todos.
Y se entiende que ante un tema tan delicado, el factor sorpresa ni la sospecha deben asomar, y que Abinader, que se juega la faja con la historia, no tendría cartas marcadas bajo el brazo.
El oportuno encuentro inicial de las cuatro figuras de Estado, más protocolar o efectista que efectivo a fin de cuenta, no quita ni agrega beneficio político a ninguna de las partes, que delegaron en dos representantes ante el Consejo Económico y Social las medidas a adoptar por el país sobre la crisis y las cuales, por encima de cualquier presión o impertinencia de por medio, habrán de ceñirse a las leyes y normas dominicanas.
¡Que no se hable de otro plan regulatorio! (Por cierto, por esto último – que envuelve un asunto de soberanía – no se ha visto prudente ni con buenos ojos que a las discusiones del CES sobre un tema tan sensible como el migratorio y crisis haitiana se le dé entrada a “expertos”, digamos intrusos, de Naciones Unidas.
¿A qué nuevo Guacanagaríx se le ocurrió la rechazable idea?)
jpm-am


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