Una de las grandes prioritarias de los dominicanos será retornar a los gremios e instituciones profesionales a ser representativos y luchadores por el bien del pueblo. Se da el caso de que ahora prima la individualidad y el economicismo, y las jornadas de lucha quedaron en el pasado.
Lejos está la etapa en que el movimiento sindical era fuerte, pujante, y se lanzaba a las calles en defensa de los mejores intereses del país, para que se rebajara el alto costo de la vida, por las libertades públicas, y el mantenimiento del estado de derecho.
Con el correr de los años los dirigentes sindicales verticales fueron desapareciendo físicamente, y otros en las ideas y las posiciones. De combativos se tornaron en conservadores, tratando de subsistir económicamente.
Pero hoy si pasamos revista al movimiento sindical y de organizaciones profesionales nos llevaremos un gran chasco. Ninguno está interesado en defender a su sector, sino en buscar facilidades personales o grupales.
Los sindicalistas se han ido convirtiendo en empresarios, burócratas de saco, corbata y yipeta, a los que únicamente les interesan representar a su partido o a su bolsillo, aunque en el plano publico levantan una falsa bandera de redención
Los partidos siguen moviendo los hilos comunicantes con los sindicatos, que pasan a ser apéndices de ellos. Pero valga decir que los chóferes han logrado representación propia y tienen fuerzas individuales para buscar sus intereses, dejando a un lado las órdenes tajantes de los jefes políticos.
El poder económico de los sindicatos choferiles los lleva a tratar como iguales a dirigentes políticos mayoritarios, y se dan el lujo, y la fortaleza, de lograr la paralización de las actividades del transporte urbano en todas las rutas de la capital.
Los maestros y los chóferes son un buen ejemplo de como ha retrocedido el movimiento laboral dominicano. Hay que rescatarlos para que salgan de ser un nicho de privilegios y particularidades.
Hay que buscar armonizar la lucha en lo personal, con las conquistas sociales de la comunidad. Los sindicalistas se muestran con las manos atadas, pero si dan palmas en lo que se refiere a defender sus intereses muy particulares.
La clase obrera no puede ir al paraíso si son representadas por buscadores de facilidades económicas personales, pero que no contemplan ni les interesa que se den soluciones colectivas y sociales a los problemas de la población. Hay que cambiar a ese sindicalismo entre amarillo y económico, pero de espaldas al pueblo. ¡Ay!, se me acabó.


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