El precio de nuestra libertad

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El autor es presidente del Partido Nueva Generación y de la APS Escuela Internacional de Liderazgo. Reside en Santo Domingo

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POR MANUEL VALDEZ

Nuestra historia se ha construido sobre grandes sacrificios. Es deber de nuestra generación preservar, defender y garantizar nuestra supervivencia para conservar los logros de nuestra raza  inmortal que al precio de su propia vida nos han legado un territorio y un orden social producto de la bravura del indio, la fuerza del negro, las ansias de libertad de los judíos y europeos de los cuales provenía nuestra composición étnico social.

Las  épicas e icónicas batallas que se libraron en nuestro suelo patrio han hecho retroceder potencias extranjeras, agentes invasores y han resistido la maldición del ego de aquellos que teniendo más ego que cerebro han sacrificado a nuestra propia gente para impulsar el logro de sus intereses personas por encima de los intereses colectivos y el bien común.

Más, sin embargo, nuestro pueblo ha seguido luchando y luchará por ideales de justicia, libertad, bienestar, dignidad humana, seguridad y garantías de vida.

La Batalla de  Sabana  Larga en Dajabón. 24 de enero 1856  entre Haití y República Dominicana.  9000 soldados comandados por  el Emperador Faustin  I. Gral. Cayemite, Gral. Prophete se enfrentaron a 7000 soldados bajo el mando de    los generales  Juan Luis Franco Bidó, Pedro Florentino y Lucas Peña, asistidos por 5200 soldados cubanos. Esta batalla produjo 1500 bajas y 75 capturados en el lado haitiano y 25 bajas dominicanas en Dajabón y en Jacuba cerca de Puerto Plata.

La Batalla de Cachimán, entre Haití y República Dominicana, 4 de diciembre de 1845 en  Elías Piña y Belladère, Haití. Del lado haitiano comandados por los Generales Seraphin y Denis. En el  lado dominicano  por los Generales  Antonio Duvergé y Felipe Alfau. Esta batalla se saldó  con incontables bajas haitianas y solo 2 muertos y nueve heridos dominicanos.

La Batalla del  Memiso. 13 de abril 1844. En Azua, las tropas haitianas eran comandadas   por el coronel  Pierre Paul/ Auguste Brouard. Del lado dominicano comandada por los generales  Antonio Duvergé, Felipe Alfau, como en las anteriores la victoria fue nuestra.

La Batalla de Tortuguero el 15 de abril 1844 en Azua. Las tropas dominicanas comandadas por Juan Bautista Cambiaso, Juan Bautista Maggiolo y Juan Alejandro Acosta, hundieron tres buques de guerra haitianos, dando paso al nacimiento de la Marina de Guerra, hoy la Armada Dominicana. No hubo bajas dominicanas.

La Guerra de Restauración de 1863- 1865, entre República Dominicana y España. Los generales Juan Pablo Duarte, Ulises Espaillat, Antonio Pimentel, Matías Ramón Mella, Ulises Heureaux, Santiago Rodríguez, Benito Mención, José María Cabral, Gregorio Luperón y Timoteo Ogando. 30  mil hombres y tres goletas se enfrentaron a  63 mil españoles, cubanos y puertorriqueños, 27 buques de guerras, comandados por el ejército español, infligiendo  50, 888 bajas, frente a 7 mil de  nuestras tropas.

La Guerra de la Primera  Intervención Norteamericana, del 13 de mayo de 1916 al 1924. Nuestras tropas pagaron un precio de 950 bajas, los invasores  188 marines y tuvieron que abandonar el territorio.

La Guerra de la Segunda Intervención  Norteamericana.  28 de abril de 1965 al 1966. 4 soldados dominicanos resistieron 30, 522 tropas americanas y 1,130 brasileñas. Perdieron la vida 13 soldados de los invasores y 77 combatientes nacionales. La victoria fue acreditada a nuestras tropas.

La Guerra Civil  Dominicana. Del 24 de abril al 3 de septiembre de 1965. 4 mil soldados enfrentados entre hermanos produjeron alrededor de mil muertos y vencimos el autoconflicto.

Estas crónicas de conflictos prueban el heroísmo social de la República Dominicana que con menos tropas y casi sin armas pelearon y vencieron contra Inglaterra, Francia, España, Brasil, Haití, Estados Unidos.

Queda demostrado que hemos peleado, peleamos y pelearemos por nuestro destino si fuera necesario contra quien fuere necesario.  En nuestra generación no podemos permitir que el mal triunfe ante nuestros ojos sin que hagamos lo necesario para evitarlo porque el precio de nuestra libertad ha sido caro, y nadie ha podido ni podrá doblegar la voluntad de nuestro pueblo de ser arquitecto de su propio destino.

jpm-am

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