RAFAEL PASIAN
En nuestras barriadas humildes no sólo nacen los hijos verdaderos del pueblo: también nacen, a veces, los futuros guardianes del orden injusto. Son aquellos que, habiendo sufrido la pobreza, en lugar de indignarse ante ella, prefieren ascender individualmente y olvidarse del resto. Este joven es uno de ellos.
Durante un tiempo habló de justicia social, repitió consignas, citó autores de izquierda y se disfrazó de militante. Pero en el fondo de su conciencia anidaba un sueño mezquino: convertirse en un pequeño burgués respetable, defender sus privilegios y mirar a los pobres desde arriba… aunque su riqueza fuera apenas una caricatura de la verdadera.
Estos personajes no son inocentes. La estructura de dominación los utiliza como puente entre el poder económico y el pueblo. Simulan conciencia para ganar respeto, pero su lealtad real está del lado del capital. Les aterra la organización popular, les incomoda la dignidad de los humildes y desprecian —aunque lo nieguen— a los trabajadores que sostienen el país con su sudor.
Mientras más hablan, más se les nota la grieta ideológica: no creen en la transformación social, sino en la movilidad individual; no creen en la justicia colectiva, sino en la oportunidad personal. Y así se convierten en reproductores del mismo sistema que los explotó, pero ahora desde el otro lado del mostrador.
Por eso hay que desenmascararlos. No basta con hablar de “conciencia social”; hay que demostrarla en la práctica, comprometiéndose con la lucha organizada, defendiendo a los humildes, cuestionando los privilegios y enfrentando al poder que oprime.
La historia de nuestros pueblos está llena de ejemplos de traidores de clase que, habiendo nacido del barrio, terminan defendiendo los intereses de los opresores. Pero también está llena de hombres y mujeres que eligieron el camino difícil: el de la dignidad, la coherencia y la solidaridad verdadera.
Porque el que se pone del lado del capital —aunque venga del barrio— deja de pertenecer moralmente al pueblo. Y el que traiciona la esperanza de los oprimidos, termina inevitablemente del lado equivocado de la historia.
jpm-am
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Un hombre trabaja cinco años y es bueno, otro hombre trabaja diez años y es mejor, otro trabaja veinte y es excelente, otro trabaja treinta y es superior, pero, otros, trabajan la vida entera, y esos, son los imprescindibles. No importa tu escala social, no importa tu origen, lo que importa es el trabajo y la disciplina para alcanzar el éxito, entonces, después de mi peregrinar, cogiendo lucha, verguensa y maltrato, debo seguir pasando pena.
No es sólo trabajar duro,hay que trabajar con inteligencia,usando bien la cabeza.
Si te tienes que matar trabajando,es porque no te pagan bien.
No generalize, no estoy deacuerdo con el ultimo parrafo de tu analisis. Del lado del capital. En honor a esos que han sabido crecer con el sudor de su frente y ayudar a sus familias de una manera honesta, que son muchos.