POR HUGO GIL
El orgullo es una energía creadora que debiéramos motivar y cultivar. Sin el orgullo, el individuo vería disminuida significativamente su capacidad creadora y sus habilidades como emprendedor.
Lamentablemente la noción negativa del orgullo ha prevalecido en la cultura de la mayoría de las sociedades del mundo moderno. Esto ha generado una pérdida de la motivación para hacer aportes significativos. La apatía y el desinterés permean la vida del individuo en todas las áreas de desarrollo y como resultado los pocos interesados son lo que hacen avanzar la civilización en todos los sentidos de la vida.
Es necesario en este punto hacer algunas precisiones terminológicas. Hay que distinguir básicamente dos tipos de orgullo: el orgullo que detrimenta y el orgullo constructivo. El primero de los dos se basa en una falsa premisa: hay seres humanos que son ontológicamente superiores a los demás y por tanto deben disfrutar de los privilegios y oportunidades a los que su condición de seres especiales le dan derecho.
Según esta manera de pensar, ellos no tienen que hacer ningún esfuerzo para alcanzar estatus en la sociedad; es un legado con el cual han nacido. ¡Son unos seres privilegiados!
De otro lado tenemos el orgullo constructivo, el cual estimula al individuo a tener objetivos y alcanzar metas en la vida, sin importar las circunstancias que le rodean. Para ser genuinamente exitoso independientemente de que se reciba un legado o no, hay que contar con esa motivación interna, ese deseo de superación que impulsa al ser humano hacia adelante.
Para entender más concretamente este tipo de orgullo, pensemos en la satisfacción que experimenta un padre al ver a su hijo graduarse de una profesión o al deportista que después de ingentes esfuerzos logra alcanzar el estrellato.
“Estoy orgulloso de ti” es la frase que mejor recoge el sentido de este tipo de orgullo. La meta lograda a base de esfuerzos deja una satisfacción interna en el individuo que ni el dinero ni la fama lograda por la vía fácil pueden producir. Estimulemos, por tanto, este tipo de orgullo constructivo desde los primeros años de infancia en el hogar; trabajemos porque el deseo de superación y el logro de metas sea la norma y no la excepción.
Quizás en esta manera de enfocar la vida esté la solución para enfrentar el gran deterioro y la frustración que cada vez más está experimentando nuestra sociedad. La secuela de criminalidad, dependencia de estupefacientes, desgano, falta de interés en lograr metas, baja escolaridad y otros males endémicos pueden fácilmente ser frenados si logramos desarrollar individuos con orgullo y deseo de superación y alcanzar objetivos en la vida a base de los esfuerzos correspondientes.
jpm-am


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