El grito de “…un nuevo “!Basta ya!”

Lo confieso: navego en la lectura de libros y de algunos que otros columnistas nacionales y extranjeros: don Federico Henríquez Gratereaux (mi ensayista-columnista preferido),Aristófanes Urbáez, el Roedor (de compleja lectura-semiótica), Orlando Gil (para medir la temperatura política), César Medina (a pesar de su constante sube y baja analítico) y unos cuantos mas (!muy buenos!). Y, por supuesto; a los “hacedores de opinión pública” que si niegan hasta de sus madres, que no decir de sus preferencias políticas, de sus compromisos fácticos con oligopolios periodísticos, y de lo mejor que saben hacer: oposición política disfrazada de opinión pública. Aunque algunos de ellos (de esa “camada”), son también, mercenarios –a paga y mesada- de causas antipatrióticas. Pero Manuel Matos Moquete (que motiva esta nota) es otra cosa, según se lee: poeta, novelista, ensayista, crítico literario y educador; pero además, ex izquierdista, investigador y columnista de la sección Lecturas del Diario Libre, en donde ha colgado un cuasi atinado artículo sobre el referente (injustamente olvidado) Viriato Fiallo que, en mi humilde opinión, abre y aboga por un nuevo reenfoque académico, político, histórico e intelectual del proceso sociopolítico post-dictadura trujillista y del rol de sus actores políticos protagónicos: Balaguer,Bosch, Manolo Tavárez Justo y Peña-Gómez, que, en su opinión, ha hecho tabla raza de la impronta-prédica de aquel líder antitrujillista que con su consigna “!Basta ya!” “…convocó a la mayoría del pueblo dominicano en torno a las acciones en contra de los remanentes del régimen trujillista…” (Periódico Diario Libre: “Por un nuevo ¡Basta ya!”, 1/11/2014). Pero, ¿cuál es la tesis central del escritor y ensayista Matos Moquete, al respecto? Es sencilla y quizás de código universal: “La historia es del vencedor. Solo importa quien triunfa, quien se impone, aunque sea ideológicamente. En ese sentido, existe un sesgo en la historia dominicana posterior a Trujillo que hace que de aquellos meses solo se recuerden y reivindiquen algunos personajes: Bosch, Balaguer, Bonnelly y Tavárez Justo”. Viriato Fiallo debe figurar entre esos nombres. Fue un pionero de nuestra democracia. Su nombre, su sacrificio y sus ideas constituyen un fuerte legado, un legado ejemplar, que mucho se necesita para dotar a esa democracia de un fuerte soporte moral, que tanta falta le hace”. Y mas adelante, este grito desgarrador y justiciero, en parte, del ensayista: “Lo que no entiendo es cómo en la bifurcación política de los años 1961 y 1962, en las opciones que ofrecían los dos líderes y organizaciones más importantes, Viriato Fiallo y la Unión Cívica Nacional y Juan Bosch y el Partido Revolucionario Dominicano, solamente Bosch quedó en nuestro horizonte como una realidad viva y en ascenso, mientras que Viriato Fiallo fue sepultado y borrado de la memoria histórica como si nunca hubiera existido. La sociedad dominicana está en deuda con Viriato Fiallo. Nadie promovió las reivindicaciones de libertad, derechos humanos y democracia como el líder de la Unión Cívica Nacional en los primeros meses de la lucha antitrujillista, es decir, del 30 de mayo hasta la célebre Navidad con Libertad de ese año, consigna liderada por esa agrupación, que dio lugar a la salida de Balaguer al exilio. Ni siquiera los partidos de izquierda, 14 de Junio, MPD y PSP, cuyo impacto era mínimo”. Y este remate concluyente, en mi opinión no del todo representativo del significado ético-democrático que Bosch exhibió en la praxis política y en el quehacer sociohistórico-literario (¿O será que, acaso, Juan Bosch, gobernó el país por mas de siete meses? ¿O fue mentira el legado democrático-institucional, aun hoy insuperable, de su Constitución de 1963?: “A más de cincuenta años de aquellos acontecimientos, y en vista del descalabro de la democracia boschista, balaguerista y peñagomista, que es la que reclaman los líderes actuales como gran legado de nuestra historia reciente, es necesario tomar un poco del legado de Viriato Fiallo y conciliarlo con el legado de Juan Bosch. Si fuese posible reescribir la historia, lo más saludable para esta democracia liberal que llegó hasta hoy tan contaminada de las más sombrías herencias conservadoras, hubiera sido imprimirle la impronta de esos dos líderes. Así quizás, nos hubiésemos economizado el pesado lastre que representa Joaquín Balaguer. Finalmente, la oligarquía representada por Viriato Fiallo debió ser menos nociva para nuestra sociedad que la representada por Balaguer”. Finalmente, creo que este tentativo esbozo crítico-nostálgico sobre el proceso histórico post-dictadura trujillista y el rol-significado de los líderes políticos-ideológicos hegemónicos que lo protagonizaron, aunque válido y pertinente en algunas de sus valoraciones categóricas, necesita de múltiples afinaciones históricas-política-conceptuales que en el caso especifico deJuan Bosch -por poner un ejemplo excepcional- son obvias a la luz de su legado ético-intelectual indiscutible; pero también, del paradigma de político y de hombre público que fue. Y es desde esa perspectiva de reparación de nuestra “memoria histórica” que tiene pertenencia el nuevo reenfoque de nuestra historia contemporánea que está planteando Matos Moquete; y en ella, por supuesto, el rol de las figuras relevantes o claves en el contexto de un proceso o de una coyuntura política-histórica específica, como bien amerita el caso de Viriato Fiallo, y seguramente, de otros olvidados. Sin embargo y mientras abogamos por articular metodológicamente esa justa reparación histórica, lo que no admite discusión de este artículo –o si se quiere ensayo-tesis- de Manuel Matos Moquete es esta sentencia atemporal suya y que hoy ya no podemos posponer más: “Comoquiera, nos haría bien otro grito de pudor y libertad como el ¡Basta! de Mallea y el ¡Basta ya! de Viriato Fiallo. Así, quizás, podríamos barrer tantas indignidades que colman y destruyen la vida en nuestro país y las aspiraciones de la ciudadanía una mejor democracia”.

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