El derrumbe judicial

Para algunos estrategas afiliados al señor que fue tres veces y que siempre aspira, no era necesario con devastar la pulcra imagen ganada por el Poder Judicial, bastaba con socavar sus símbolos. Entonces, desde que a Temis –diosa de la justicia- se le quitó la venda y se les colocaron monedas en la balanza ya era suficiente para derrumbar la alegoría que nutre el poder de los jueces.

 

Muchos no obviaron que el veneno estaba oculto en la reforma constitucional del año 2010. Las altas cortes nacidas de esa patraña eran el más elevado engaño o la plataforma anticipada para luego legitimar la impunidad de los desfalcadores.

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Los políticos seguidores del “líder” se vistieron de jueces después de pasar el examen ante las cámaras. Todo estaba en el libreto. La perfidia compró toga y birrete para aparentar su magistratura. Hubo risas y carcajadas. La celebración tenía un motivo: “derrumbamos a la diosa de su trono”. Por eso los temblores recientes son tan solo réplicas de un terremoto que se veía venir. El procurador empujaba, reunía pruebas, embargaba cuentas y nada. El embajador se entrometía, la sociedad civil se escandalizaba, los medios hablaban y escribía… Pero “na e na”. Cada paso se ensayó. El director no improvisó. La sinfonía se sabía y sonó exactamente como se esperaba.

 

La historia es ciertamente lamentable. ¿Por qué debemos quejarnos por el “No Ha Lugar” a favor del Senador? Tarde o temprano ese “No” tendrá un lugar en la historia de las burlas judiciales. La crisis en este poder del Estado es grave porque hace un buen tiempo que los sicarios detrás del telón asesinaron la justicia. Es triste ver debajo de sus ruinas jueces honestos y trabajadores que soportan el peso de unos escombros tumbados por otros inmorales

 

El circo ahora tiene a seis jueces tildados de venales en medio del escenario para que los leones se los coman. Mientras los fanáticos del espectáculo aplauden y gritan: “sangre”.

 

Es un horror ver a la diosa de la justicia desnuda, despojada de sus emblemáticos atuendos: sin balanza, sin espada y sin su venda. La corrupción del sector tiene raíces más profundas. La fiebre no está en la sábana. El mal tiene un patrocinador y unos beneficiarios. Su impunidad es perversa. Lo han dañado todo. Parece que han triunfado, derrocaron la justicia de su estandarte. ¡Oh demonios!

 

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