El presidente de Venezuela está afectado de un delirio que lo induce a la falsa creencia de que puede abrazarlo todo, comprenderlo todo y de que es un sujeto suficiente para manejar todas las instituciones de ese país. La alucinación de Nicolás Maduro le ha permitido la cadena de desaciertos en los que ha incurrido para menoscabar la democracia y la paz.
Somos Venezuela es una nueva agrupación política, patrimonio de Maduro, con la cual el mandatario procura asegurarse un apoyo exclusivo, al margen del oficialista PSUV (Partido Socialista Unitario Venezolano). El PSUV cuenta con una estructura y al menos una militancia que ha creído en su retórica presuntamente revolucionaria.
¿Maduro es Venezuela? Parece que él lo cree. No solo se propone unas elecciones presidenciales sin que la oposición tenga derecho a presentar candidatos, sino que también requiere prescindir de competencia interna en el chavismo. Los potenciales oponentes han sido liquidados con todo tipo de artimañas, incluida la persecución judicial.
Dado que adelantó la fecha de las elecciones, para que sean en abril y no a fin de año, en cualquier momento será proclamado candidato presidencial con altísimo porcentaje de sufragios. A tal fin ha procreado el referido seudopartido, constituido por adláteres. Nadie osará -justo es presumirlo- disputarle la candidatura presidencial.
Posiblemente Maduro, que no es hombre de mucha lectura, haya escuchado que alguien dijera alguna vez “El Estado soy yo” y le haya parecido adecuada la idea para acomodarla a su sentido omnímodo de ejercer la política. Definitivamente, cada movimiento de este hombre acentúa la generalizada apreciación en torno a su vocación totalitaria.
Una incondicional de Maduro, encargada de la llamada Asamblea Constituyente, la señora de nombre Delcy Rodríguez, ha dicho: “Vamos a adoptar una decisión histórica frente a las amenazas imperiales que se ciernen contra nuestra patria, que pretenden darle vida a una moribunda oposición tratando de chantajear a nuestro pueblo con sanciones imperiales”.
Es decir no hay chance para la disensión, para la competencia democrática. Así habrá de crecer el germen de la destrucción del régimen maduchavista. Lo que ha hecho con sus propios compañeros de partido pone a Maduro a caminar descalzo entre piedras filosas. Y hasta recuerda la conveniencia de la teoría marxista de agudizar las contracciones.
También reconforta la declaración del Grupo de Lima, formado por 14 países, que se ha unido al reclamo de otras entidades y personalidades democráticas para que el gobierno venezolano se ajuste a los lineamientos de la democracia. Un primer paso sería reconsiderar la irregular convocatoria a elecciones anticipadas, maniobra pecaminosa que busca la perpetuidad de Maduro.
JPM


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