El asesinato de Gaitán y el “Bogotazo” 

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El autor es abogado y profesor universitario. Reside en Santo Domingo

El pasado 9 de abril se cumplieron 74 años del asesinato del prominente abogado y líder liberal colombiano Jorge Eliécer Gaitán, acaecido aproximadamente a las 1:05 de la tarde de ese día del año de 1948 cuando éste salía del edificio en el que se encontraba su estudio profesional de Bogotá con el objeto de ir a almorzar con varios amigos.  

En la capital colombiana se efectuaba entonces la IX Conferencia Panamericana, y la tragedia empezó a configurase cerca del mediodía, en el momento en que Juan Roa Sierra, un joven desempleado de 21 años, llegó a la oficina de Gaitán pidiendo verlo, y Cecilia de González, la secretaria, que conocía al visitante porque éste había estado varias veces allí, lo atendió cortésmente indicándole que no era posible complacerlo debido a la apretada agenda del día, por lo que aquel se marchó incómodo del lugar.  

Mas o menos media hora después de esa incidencia, varios amigos de Gaitán se apersonaron a la oficina: Jorge Padilla, Alejandro Vallejo, Pedro Eliseo Cruz y Plinio Mendoza, con quienes aquel intercambió impresiones sobre un discurso que se proponía pronunciar. Cerca de la 1 de la tarde, Mendoza dijo que tenía hambre y sugirió a los presentes almorzar en el Hotel Continental. El grupo salió del despacho de Gaitán y tomó el ascensor para ir a la planta baja. Al salir, ya en la puerta de la calle, Mendoza tomó del brazo a Gaitán diciéndole: “Lo que quería decirte es una bobada…”, y ambos se adelantaron, quedando detrás de ellos los restantes amigos.  

Ese fue el momento en que Roa, que aguardaba en la calle a varios metros, apuntó con un revólver a Gaitán, quien al apercibirse de la amenaza se despegó de Mendoza y se cubrió la cara con un brazo. Roa hizo tres disparos sobre él: una bala le dio en la cabeza y las dos restantes impactaron el cuerpo perforando sus pulmones. Aunque sorprendidos, los acompañantes de Gaitán reaccionaron con rapidez y lo condujeron en taxi a la Clínica Central. Pero todo fue inútil: el líder liberal, de 50 años, había perdido mucha sangre, y cuando el doctor Pedro Cruz, médico y amigo, se disponía a transfundirlo, entregó la vida.  

Conocido como “el Jefe” o “el Negro”, Gaitán había nacido en 1898 en Bogotá, y sus pinitos políticos datan de cuando se sumó a la coalición que en 1918 apoyó la candidatura del poeta conservador Guillermo Valencia. Más tarde, en 1922, siendo presidente del Centro Universitario, respaldó la candidatura liberal del general Benjamín Herrera. Ambas campañas resultaron no exitosas, pero en ellas Gaitán adquirió fama de buen orador. En 1924 se graduó de abogado, y viajó a Roma a ampliar sus estudios. Regresó en 1927 y presentó con éxito su candidatura a representante por el Partido Liberal.   

En 1928 fue asesor legal de las operarias en huelga de la Bogotá Telephone Company, y en 1929 aupó una investigación legislativa sobre la “Masacre de las bananeras” (United Fruit Company, diciembre de 1928). Su activo rol en el Congreso lo convierte en una figura de proyección nacional, pero en 1933 se alejó del Partido Liberal por discrepancias ideológicas, y formó la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), que fue un fiasco electoral en 1934.

 En 1935 retornó al liberalismo, y se le nombró alcalde de Bogotá, cargo que sirvió sólo 7 meses porque una huelga de taxistas (por una disposición que los obligaba a uniformarse) lo hizo renunciar. En 1941 fue ministro de Educación del gobierno de Eduardo Santos Montejo, y al año siguiente senador.  

Al advenir la segunda administración de Alfonso López Pumarejo (1943), Gaitán le hizo una oposición frontal, pero cuando éste a fin de año pidió una licencia de 6 meses y fue reemplazado por Darío Echandía, aceptó ser ministro de Trabajo, puesto que desempeñó hasta febrero de 1944.

 En esta época ya se le consideraba un gran líder popular. En 1945 aspiró a la presidencia, pero la división de los liberales imposibilitó la presentación de un candidato único en las elecciones de 1946, y dos pretendientes (Gabriel Turbay, postulante oficial, y Gaitán, del ala izquierda del liberalismo) se enfrentaron al candidato del Partido Conservador, Mariano Ospina Pérez, quien resultó victorioso.   

Los conservadores que retornaban al poder habían gobernado a Colombia entre 1914 y 1930, y habían respetado las reglas de la democracia, pero en esta ocasión no fue así: tan pronto se instalaron, desde el Estado hubo múltiples actos de hostilidad y violencia contra los liberales, y en las poltronas y púlpitos católicos se desarrolló una desaforada ola de “denuncias” contra los “enemigos de Dios en la tierra” en la que participaron purpurados, curas y beatos. Uno de los principales blancos de esa campaña era Gaitán, ya convertido en líder máximo del liberalismo.  

Gaitán trabajaba para que los liberales recuperaran el poder en 1950, pero los conservadores más extremistas se le oponían virulentamente, y en la segunda semana de agosto de 1946 se arreció la “nueva cruzada” antiliberal (con una jornada nacional de violencia y terror), por lo que aquel reclamó la intervención del jefe del Estado para poner fin a las agresiones, teniendo como respuesta una intensificación de éstas (con amenazas de excomunión por parte de curas católicos radicalizados) de cara a las elecciones parciales de 1947, las que, no obstante, los liberales ganarían abrumadoramente. 

Jorge Eliécer Gaitán

Día fatídico 

Así estaba el panorama político colombiano aquel fatídico 9 de abril. Gaitán era el hombre que encarnaba las posibilidades de retorno al poder del liberalismo y el preferido de las multitudes, y parecía inevitable su elección como presidente en las elecciones de 1950. Y cuando se escucharon los disparos, los ciudadanos que estaban en los alrededores de la oficina de Gaitán identificaron a Roa como su autor (hay un supuesto cómplice que nunca se ha podido identificar), y un grupo se lanzó tras él. Finalmente, un policía lo detuvo, golpeándolo y arrebatándole el arma. “Agente, no deje que me maten”, le imploró. El policía, al ver la actitud hostil de los concurrentes, entró con el detenido en una farmacia y cerró la reja de ésta, decisión con la que le preservó momentáneamente la vida a Roa.  

El propietario de la farmacia le inquirió la razón por la que había disparado a Gaitán, y el agresor respondió: “Ay, señor, son cosas poderosas que no puedo decir. ¡Ay, virgen del Carmen, sálvame!” 

El hombre insistió en preguntarle: “Dígame, quien lo mandó a matar, porque usted va a tener que responderle al pueblo”, y Roa contestó: “¡No puedo! ¡No puedo!”. Al poco tiempo, el gentío enardecido que se había situado en las afueras de la farmacia sacudió violentamente la reja, y logró abrirla e ingresar en turbamulta. El primero que golpeó a Roa fue un limpiabotas, que le dio con su caja de trabajo en la cabeza. El detenido cayó al piso, turulato, y entonces la multitud lo sacó a rastras de la farmacia y lo molió a golpes. A los pocos minutos murió: Roa había sido linchado.  

La noticia del asesinato del líder liberal se difundiría rápidamente a todo el país en una frenética campaña de información de prensa y ciudadana, y en pocas horas tendría graves repercusiones sociales y políticas.

En Bogotá, en particular, la muchedumbre se apoderó del cadáver de Roa y lo arrastró marchando en dirección al Palacio Nacional, y otra turba que se había congregado frente a la Clínica Central bajó a la carrera Séptima y engrosó la marcha. Al llegar a la esquina de la calle Octava, alguien le quitó el pantalón al cadáver y lo amarró a un palo para hacer una bandera mientras la multitud gritaba: “¡Viva Colombia! ¡Abajo los godos!”. 

Cuando llegaron al palacio, los manifestantes lanzaron el cuerpo desnudo de Roa contra la puerta principal vociferando improperios y haciendo huir a varios custodios, pero casi de inmediato un contingente de soldados le hizo frente, haciéndoles retroceder. El oficial que dirigía las tropas contaría después que respiró hondamente y pensó “que lo peor ya había pasado”.  

La turba, en realidad, no se dispersó, sino que se replegó hacia la cercana Plaza de Bolívar, y tomó las esquinas circundantes. Al poco rato se iniciaron los incendios y las destrucciones: el Palacio de San Carlos, la Nunciatura Apostólica, los conventos de las Dominicas y de Santa Inés, la Procuraduría General de la Nación, el Instituto de la Salle, el Ministerio de Educación, la Gobernación de Cundinamarca, el Palacio de Justicia y, finalmente, los tranvías. Los revoltosos también saquearon los almacenes, las joyerías, las platerías y otros negocios… Había comenzado una poblada: el “Bogotazo”.  

Dos horas después del asesinato de Gaitán, la situación en el centro de Bogotá era incontrolable, y las autoridades ordenaron que 3 tanques de guerra y 6 carros blindados marcharan sobre la plaza sublevada. Una vez allí, el oficial que comandaba la operación, tratando de evitar un derramamiento de sangre, abrió la escotilla del vehículo en el que se trasladaba e hizo un llamado a los manifestantes para que se retiraran. Entonces se escucharon tres disparos y el oficial cayó sobre sí mismo. Los operadores de los tanques reaccionaron disparando sobre la multitud matando o hiriendo a decenas de personas.  

Los sucesos subsiguientes tomarían un norte político: un grupo de policías se sublevó y apoyó a los manifestantes dándoles fusiles a algunos, y en la Quinta Estación varios oficiales y dirigentes liberales discutieron la posibilidad de formar una “Junta Revolucionaria” y proclamar la caída del gobierno de Ospina Pérez.

 Las fuerzas armadas, empero, garantizaron la autoridad del régimen conservador, y en una inteligente decisión el presidente, tras negarse a renunciar (es famosa su frase: “Mas vale un presidente muerto que un presidente fugitivo”), llamó a la cúpula del liberalismo para dialogar y buscarle una “solución de unidad nacional” a la situación.   

En ese contexto circunstancial, el día 10 el dirigente liberal Darío Echandía sería designado ministro de Gobernación y otros de sus conmilitones ocuparían puestos del mismo nivel, mientras que el 11 el líder radical conservador Laureano Gómez (odiado por los liberales y considerado uno de los instigadores del asesinato de Gaitán) saldría hacia España y dejaría cesante el ministerio de Relaciones Exteriores. La violencia continuaría durante las siguientes 72 horas en toda Colombia, pero tales cambios serían la base de una posterior pacificación relativa del país.   

¿Por qué Roa asesinó a Gaitán? Como en todo hecho de su tipo (y debido a que su autor era simpatizante suyo y se fue a la tumba sin hablar), múltiples teorías han surgido a este respecto y ninguna es concluyente. Las mas recientes investigaciones, sin embargo, apuntan a que se trató de un homicidio generado por la atmósfera política prevaleciente en la época (alentado por el sector mas extremista del conservadurismo colombiano que no aceptaba la casi realidad de que el líder antioligárquico liberal sería el próximo presidente de la república), y en el que actuó un asesino casi de oportunidad con escaso nivel de cultura y consciencia manipulado por causas aún no esclarecidas o seducido con ofertas materiales. Pero, por supuesto, también ésta es una teoría y nada más.  

Nunca se supo cuántas fueron exactamente las víctimas del “Bogotazo”, pero se afirma que hubo cuando menos 1,500 muertos y 15,000 heridos, y de lo que no hay duda es de que se trató de un acontecimiento cuyas consecuencias cambiaron la faz política de Colombia y definieron nuevos rumbos en su devenir histórico. 

lrdecampsr@hotmail.com 

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https://www.youtube.com/watch?v=XsFbH8k571Q

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Dennis Russell
Dennis Russell
7 meses hace

Excelente articulo que merece ser difundido por medios convencionales y catedra universitaria para las asignaturas politicas y Relaciones internacionales.
El Dr. Joaquin Balaguer y Fidel Castro estaban en Bogota en ese fatidico dia.

Pastor Perez GIL
Pastor Perez GIL
7 meses hace

POBLADA es lo que nos espera con los HAITIANOS.
SOLO CON LOS HIJOS DE ELLOS…Los que nacieron aqui…ya nos estan dando agua que beber en los barrios dominicanos…esas pandillas son todos descendientes de HAITIANOS nacidos ilegalmente en el pais….solo hablan español…y mal hablado….pero son haitianos…Resentidos y con odio por ser hijos de HAITIANOS y no de Dominicanos…no es su culpa. SUS MA….S MADRES son las culpables….

HEALTH IS WEALTH
HEALTH IS WEALTH
7 meses hace

Según datos,coincidencia mente en Bogotá,al momento del asesinato de Gaitán,se encontraban Balaguer y Fidel Castro,que asistían a una conferencia,y Balaguer diplomático o algo así.Se cuenta que Ché Guevara también,en sus días de tratamientos.
El asesinato de Gaitán,fue causa del origen de las guerrillas,que en Colombia, todavía perduran.

HEALTH IS WEALTH
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Responder a  HEALTH IS WEALTH
7 meses hace

Che Guevara,en sus días de trotamundos.