Dr. Manuel Antonio Tejada Florentino
POR ROBERTO VERAS
En el recuerdo de quienes lo conocieron, el Dr. Manuel Antonio Tejada Florentino no solo fue un médico comprometido con su profesión, sino también un símbolo de valentía y lucha contra la opresión de la dictadura de Trujillo en la República Dominicana.
Su vida, marcada por la modestia y el trabajo desde una edad temprana, refleja la perseverancia y el sacrificio que caracterizan a muchos dominicanos que lucharon por un país más justo y libre.
Desde sus humildes inicios como niño trabajador, Tejada Florentino demostró una determinación inquebrantable para salir adelante y contribuir al sustento de su familia.
Su labor como médico en el Hospital Salvador B. Gautier no solo representaba su compromiso con la salud de su comunidad, sino también su resistencia silenciosa ante un régimen autoritario que reprimía cualquier forma de disidencia.
La sombra de la sospecha y la traición rodea su desaparición el 19 de enero de 1960. Las intrigas políticas y las disputas internas entre odfelos, así como la presión del régimen trujillista, parecen haber jugado un papel crucial en este oscuro capítulo de la historia dominicana.
¿Quién lo delató? ¿Por qué? Son preguntas que todavía resuenan en la memoria colectiva de aquellos que lucharon junto a él por un cambio en su país.
Su legado perdura en la memoria de quienes lo conocieron y en las generaciones posteriores que continúan luchando por la justicia y la libertad en la República Dominicana.
Su sacrificio no ha sido olvidado, y su ejemplo sigue inspirando a aquellos que se enfrentan a la adversidad en la búsqueda de un futuro mejor para su nación.
Según investigaciones realizadas por odfelos, el médico fue delatado por un miembro de esa Orden, conocido abogado que sirvió al régimen, luego de una discusión que sostuvieron en la Logia Unión Santiaguera.

Se afirma que hermanos de logia participaron en las torturas y que el citado jurista informante de las actividades del cardiólogo llegó al extremo de asegurar a la esposa de Tejada que él se encontraba bien cuando sabía que lo habían asesinado.
Las honras fúnebres que se le brindaron en 1962, con la participación de todas las logias del país y algunas internacionales, son un testimonio del profundo respeto y admiración que se le tenía, así como de su influencia en los círculos intelectuales y políticos de la época.
Según investigaciones realizadas secretamente en 1960 simpatizantes de la misma causa antitrujillista del doctor Manuel Tejada Florentino, su cadáver fue arrojado en “La Incineradora”, donde se quemaba entonces la basura, ubicada en la hoy calle Teniente Amado García.
Aunque su destino final permanezca envuelto en misterio, su legado de valentía y compromiso con la justicia perdura como un faro de esperanza en tiempos oscuros.
jpm-am

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