De la soberbia del poder, a la encerrona altera y deleznable

El momento debe ser muy difícil para el presidente Danilo Medina, después que su subalterno, el Procurador General de la República protagonizara un vergonzoso acto, frente a todo el pueblo dominicano en el escenario del Comité Nacional de la Magistratura.

Del necio accionar del Procurador Jean Alain Rodríguez, no hay que hablar mucho; todo el espectro político, social, económico y religioso del país lo ha condenado de una manera o de otra; de lo que deberíamos ocuparnos es de las lecciones que esta vergüenza dejan para nuestro líderes y dirigentes con vocación de poder.

Ahora le ha tocado al Presidente Medina saborear los agrios resultados de una penosa decisión política, basada posiblemente en vínculos de amistad con el desaforado Procurador o con terceros relacionados con éste; pero no es la primera vez que nuestros altos dirigentes tienen que apurar el mal trago de la deslealtad o de la incompetencia de allegados, amigos o familiares.

Esta lección obligada, que pudo ser aprendida de manera anticipada y sin riesgos, con solo haber observado los señalamientos de Don Juan Bosch en cuanto a la política y las relaciones amistosas y familiares; donde nuestro Maestro político fue tan lejos, que impuso estos principios en los organismos del Partido, para que ninguna decisión política obedeciera a una relación amistosa entre sus miembros.

Lamentablemente la historia reciente de estocadas antidemocráticas, como las prácticas terroristas de Vladimiro Montesinos en Perú, no puede ser asimilada por personas como el acaudalado Procurador, cuya fortuna nos deja saber lo ocupado que debe haber estado durante estos años para interesarse por la historia y por la política.

Bueno, ante el coro nacional que pide la destitución de Jean Alain Rodríguez, debemos esperar una oportuna decisión presidencial; la cual no solo debe estar motivada por el estulto ataque a uno de los pocos símbolos del Poder Judicial en el país, como lo es la magistrada Miriam Germán Brito, sino por las prácticas ilegales y antidemocráticas del referido funcionario.

El presidente Danilo Medina quizás no actúe con la celeridad que le están exigiendo muchos sectores nacionales, pero el Presidente tiene la obligación con La Nación, con su Partido y con él mismo de resguardar su meritoria gestión ante el juicio de la historia.

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