De la operación Lava Jato a la «marcha verde»

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EL AUTOR es abogado.

 

 

¿Cómo analizarían Bosch o Balaguer la «marcha verde»?

 

El país está pasando por un momento político especial causado por comportamientos externos e internos de naturaleza ética y moral que podrían comprometer la credibilidad no solamente del Gobierno, el sistema político en general también anda de capa caída o pasando por un mal momento, cuya situación está provocando grandes tensiones y conflictos en el seno de la sociedad.

 

Esa condición de incertidumbre y de ansiedad tiende a trastornar los estados psíquicos de una población que de por sí arrastra una pesada y difícil carga emocional por una serie de contrasentidos sociales y políticos que la han venido afectando desde hace bastante tiempo y que al mismo tiempo la hace una sociedad espiritualmente frágil y fácil de manipular.

Desafortunadamente la prensa ya no cuenta en su cuerpo con un periodista con el talento ni con la sensatez para aconsejar a un país en momentos de crisis social y política como fue Rafael Herrera Cabral. Además esa crisis se manifiesta en las opiniones editoriales. ¡Cuántos Rafael Herrera nos hacen falta!

 

En mi viaje más reciente a Nueva York una profesora universitaria me dijo: «Otros al detenerse ante el importante ejercicio del periodismo dicen que también vivimos en una sociedad light o liviana, de plumíferos oportunistas y vocingleros a nivel de penthouse». Me pregunto si la exhibición de esa riqueza al vapor ha sido ganada con enjundiosos análisis para el New York Times o el Washington Post?

 

Cómo olvidar que a diario son múltiples las comedias en la radio y la televisión y todo comediante que no llega al Doctor Pailita pero con una gran diferencia cobra o recibe sumas muy altas. Sobre la «marcha verde» querrá decir que tiene por sus tintes sociales colores que no llegan a la belleza del arcoiris pero pueden estar seguros que no es el verde natural sino de urgente referencia a aquella obra famosa de Jacinto Benavente.

 

La visión inmediatista y mezquina del nuevo periodismo dominicano hace que exhiban un enfoque alegre, restringido y emotivo de la panorámica de la «marcha verde». Para ilustrar esa visión limitada y cicatera del nuevo periodismo unos y otros desenfocados olvidan que los intereses creados no se quedan en Odebrecht como el alfa y omega.

 

Hay un gobernante que está siendo hostigado o asediado porque igual a lo que sucedió con la expresidenta de Brasil, Dilma Roussef, a Danilo Medina le ha explotado en las manos una situación de la cual él no es total ni directamente culpable, porque no fue su Gobierno quien trajo la Odebrecht al país, por lo que se debe deducir de este aserto que el asunto de los sobornos y la corrupción es quizás anterior a su administración.

 

Tal vez sería conveniente hacer un poco de historia. Danilo Medina renunció del cargo de secretario de la Presidencia del Gobierno del presidente Leonel Fernández en noviembre de 2006, o sea, hace diez años. Nadie se ha preguntado, ni los verdes ni los líderes del PRM, por qué esa decisión.

El hoy presidente declaró en aquella ocasión que su compromiso concluía con las elecciones congresuales «del pasado mes de mayo». Y seguidamente agregó en rueda de prensa en el hotel El Embajador que su decisión  es seguir sirviendo a su país, solo que desde otra posición, en este caso desde el interior del Partido de la Liberación Dominicana, al que dijo se debe y considera un pilar fundamental de la democracia.

 

Frente a esa decisión tan bien pensada por Danilo Medina uno debe preguntarse: ¿Qué observó el secretario de estado de la Presidencia que estaba sucediendo en ese gobierno que se demarcó del mismo? Un funcionario deshonesto no toma una decisión así sobre todo dejando un cargo de tanta responsabilidad e influencia social, política y económica. Esto nos hace pensar que el presidente Medina no va a propiciar o a apadrinar desde un gobierno suyo ninguna clase de corrupción que empañe su moral y sus principios cristianos.

 

Contrario a lo que insinúan algunos «verdes» quien le está buscando una respuesta a la pesada carga del sector eléctrico es Danilo Medina, cuya voluntad hay que reconocerle al presidente sin que uno tenga una camiseta morada y ni siquiera una corbata que lo ate al Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

 

La prensa superficial y emotiva se consume hoy en la salsa de la «marcha verde» sin atreverse a analizar y mucho menos decirle al país que el caso Odebrecht no hubiese sido posible sin la locura de los contratos del sector eléctrico con un presidente lleno de miedo y de rodillas ante los organismos internacionales que impusieron con el empresariado el más escandaloso acuerdo en contra del patrimonio nacional después de la dictadura de Trujillo. Esta gran verdad no tiene el país que preguntárselo a un fotógrafo de La Plata.

 

Lo que le sucedió al expresidente Lula da Silva y al Partido de los Trabajadores (PT), uno de los gobernantes que mejor labor social y política realizó en Brasil sacando a millones de ciudadanos de la pobreza extrema, fue que se dejó cautivar por una derecha perversa y corrupta y optó erróneamente por divorciarse de los principios que le dieron origen a esa organización política para caer por seducción execrable en un esquema de corrupción a través de Petrobras revelado por la Operación Lava Jato que solo abarca a Brasil por ser un caso unilateral y no el inicio de una lucha sincera contra la corrupción, pues no sería posible que un señor de las condiciones dudosas de Temer fuera presidente si la oligarquía confesara sus pecados.

 

Digo lo anterior porque si tomamos aquel caso de unos obreros metalúrgicos sin riqueza y sin casta social el Comité Político tenía ansias de compartir con una clase con prosapia social, muchos de ellos con amplias experiencia cortesana, hablan idiomas importantes y tienen conexiones dentro y fuera del país para hacer grandes negocios con el Estado.

 

Esa casta social y empresarial criolla conocía la procedencia social y económica de los nuevos inquilinos del Palacio Nacional, así que el primer consejo que recibieron estos políticos debió ser algo así como «El político que no muestre riqueza en una sociedad tercermundista y pobre que vive mayormente del estado benefactor no está en capacidad de que lo siga nadie».

 

El segundo consejo asumimos nosotros que sería «vendan todas las empresas del Estado». Unos se quedarían con algunas de las mejores empresas como lucro o botín y la otra parte del dinero se perdió en el camino. ¿Para qué sirvió la inteligencia de Leonel?

 

Los «verdes» y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), hoy aliados estratégicos, le piden al presidente Medina que lleve al paredón de fusilamiento a su familia política porque haciéndolo, según ellos, el Presidente pasaría a la historia y se salvaría de ser él mismo fusilado políticamente.

¿Qué pasaría si usted, amigo lector, comete el craso error de quedar a merced de unos buitres verdes, amarillos o grises sin algún pariente que le defienda? Estoy seguro que en el caso remoto que eso sucediese las hienas políticas de la oposición atacarán al indefenso gobernante despiadadamente y con saña.

 

Lo que el Presidente debe de hacer en el caso de la corrupción y los supuestos sobornos, ya lo está haciendo, y es que el Ministerio Público se haga cargo de este caso y dejar que la investigación vaya hasta el fondo sin festinar el expediente. Quienes resultaren culpables finalmente de sobornos y corrupción administrativa, sean del PLD, del PRM o del PRD o de fuera de estos partidos políticos deben recibir la sanción que establece la Ley sobre Declaración Jurada y Enriquecimiento Ilícito. Pero de ahí a tomar a una sola persona y asediarlo diariamente con marchas dejando tal vez a los verdaderos corruptos fuera de la cesta seria tratar de hacer una justicia caprichosa.

 

De una cosa puede estar el pueblo seguro y es que ninguna marcha en el país ha tumbado gobierno y la «marcha verde» no ha mostrado tener ni la fuerza ni la capacidad para lograr ese objetivo político. Además, ¿quién con mente sana podría desear una catástrofe social apoyando un golpe de estado constitucional?

En el país no habrá golpe de Estado porque no le conviene a nadie. Esa desventura solo cabe en mentes febriles de políticos que sueñan en ser presidente de la República sin reunir las condiciones mínimas, morales y éticas, para dirigir un país con una complejidad singular desde lo antropológico a lo social y, además, que presenta problema de falta de solidaridad.

escotto.escotto@gmail.com

jpm

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