Algunos sectores de la oposición sostienen que durante la gestión del presidente Luis Abinader la deuda externa ha aumentado de manera escandalosa. Sin embargo, para emitir juicios responsables es necesario poner la lupa sobre la historia reciente de los gobiernos dominicanos y analizar con datos en mano.
El antecedente histórico de la deuda de RD
Cuando Hipólito Mejía llegó al poder en el año 2000, encontró una deuda de unos 3,200 millones de dólares heredada de Leonel Fernández y el gobierno del PLD, y la dejó en 6,500 millones. Previamente, entre 1996 y 2000, Leonel Fernández había logrado reducirla en unos 300 millones. Pero en su regreso al poder en 2004, Leonel cambió de rumbo: en los ocho años que gobernó hasta 2012, llevó la deuda a 19,900 millones de dólares. En otras palabras, su administración tomó prestados unos 13,000 millones.
Luego vino Danilo Medina. Sin crisis internacional ni emergencias internas que lo justificaran, en dos periodos de gobierno (2012-2020) incrementó la deuda en 25,000 millones de dólares, dejándola en 44,000 millones al final de su mandato.
La realidad de Abinader frente a la deuda
Luis Abinader recibió en agosto de 2020 una deuda externa de 44,000 millones de dólares. A diciembre de 2024, la cifra alcanza los 57,000 millones. Esto significa que en cuatro años su administración ha sumado 13,000 millones, casi lo mismo que tomó Leonel en ocho años y apenas un poco más de la mitad de lo que contrajo Danilo en igual período.
La diferencia es clave: mientras Leonel y Danilo diferían los pagos de capital e intereses a 4, 8 y hasta 12 años —dejando la carga al que viniera después— a Abinader le ha tocado no solo tomar préstamos para enfrentar la pandemia, la crisis internacional de precios y los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania, sino también pagar parte de los intereses acumulados por las gestiones anteriores.
¿Dónde está el “crimen”?
Señalar que Abinader es el único culpable del aumento de la deuda es un acto de hipocresía política. Aquí hay una cadena de irresponsabilidad compartida: desde Hipólito, pasando por Leonel y Danilo, todos utilizaron el endeudamiento como recurso fácil para cubrir déficits y mantener la estabilidad económica.
La diferencia es que, mientras los anteriores escondieron la factura bajo la alfombra, a Abinader le toca pagarla y asumir compromisos en condiciones mucho más adversas, de forma responsable.
Conclusión
Que nadie se equivoque: endeudarse no es la solución mágica ni debe normalizarse. Pero tampoco se puede cargar todo el peso de la historia a quien, por primera vez, enfrenta con transparencia, honestidad y sinceridad, los pagos de los préstamos heredados de los presidentes anteriores, los cuales usaron para reelegirse y mantenerse en el poder por 20 años, además de ser dilapidados y repartidos mediante actos de corrupción, sustracción y reparto de los recursos del Estado que fueron a parar a los bolsillos de los que hoy están siendo procesados y condenados en los tribunales de la República Dominicana.
Por eso, mantengo y sostengo la pregunta que titula este artículo para el debate: ¿Dónde está el pecado del mandatario Luis Abinader y su gobierno?


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