Crítica de cine: «The Imitation Game» rompe códigos de actuación
Lo curioso de «The Imitation Game», sin caer en la ampulosidad, es que rompe códigos de actuación con la presencia escénica de Benedict Cumberbatch, la cual, penetra la personalidad enigmática de Alan Turing con un toque emocional y psicológico verdaderamente persuasivo.
Tal es así que ninguno de los biopics de Alan Turing se han acercado a precisar el valor de su vida y las repercusiones positivas y negativas que tuvo durante de la Segunda Guerra Mundial. Y a pesar de algunos tópicos inexactos de la historia real, este thriller dramático funciona en varios aspectos con una composición formidable.
En ese sentido, el director noruego Morten Tyldum (Headhunters), en su debut de habla inglesa, se enfoca en mostrar a Alan Turing (Benedict Cumberbatch) como un genio del criptoanálisis y héroe de guerra aclamado por todos, a pesar de ser una figura controvertida eclipsada por la incertidumbre de su homosexualidad.
Pues aquí la vida del matemático, Alan Turing, es agitada y no tiene tiempo para nada. Más aun en el período donde Gran Bretaña resiste ante la Alemania Nazi. En ese punto, Turing es contratado por el gobierno británico para liderar la sección encargada de descifrar mensajes encriptados del código Enigma de los Nazis. Pero ahí, se le ocurre la idea de construir una máquina capaz de descodificar el código alemán; una máquina, que sin saberlo, cambiaría el mundo para siempre.
El argumento de la película resulta accesible. Y el guion opera la simbiosis de las escenas con eficacia, y nada se escapa del entretenimiento. Así se explora parte de la vida de Turing insertando dinamismo a una crónica que funciona como drama de suspenso.
Ahora bien, aparte de que la conmovedora interpretación de Cumberbatch como un erudito irascible y complejo es una de las mejores del año, debo mencionar que otros elementos: el diseño de producción, la música de Alexander Desplat y el montaje de William Goldenberg, le otorgan otra dimensión a la película.
De forma tal que el buen montaje motoriza el engranaje de las escenas intrépidamente gracias a una narrativa fluida. O sea, la mayor parte de la película es narrada en voice-over por Cumberbatch mientras alterna las escenas del presente con las del pasado a través de flashbacks. Y todo en el mismo paquete: una trama que ocasionalmente envuelve bajo la música empática y la astucia de los diálogos.
Por eso para concluir, digo que «The Imitation Game» es una película magnífica, porque habla de los asuntos humanos más íntimos. Entre los que se halla la miseria existencial que siente una persona neurótica, incapaz de exteriorizar sus sentimientos por culpa de los tabúes impuestos por el poderío de un dogma social. Y no necesitamos una clave para saberlo, ya que los secretos y las mentiras imitan la fórmula del juego de nuestra sociedad.


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