Por DIOGENES AYBAR
Llevamos más de una década quejándonos de la pérdida de los valores en nuestra sociedad. No es que vivimos una época de valores diferentes o de “antivalores”: es que no hay valores con vigencia a lo largo y ancho de la sociedad. Vivimos una época de desvalores.
Desde la década de los ochenta en Estados Unidos se viene viviendo el mismo problema, pero allá se oye a los intelectuales y a los hacedores de política de Estado preguntarse: “what went wrong?”, es decir, ¿qué salió mal?
Esto implica una actitud autocrítica, pues en esa pregunta se entiende que los responsables de la formación de las nuevas generaciones cometieron algún error.
Debemos aprender a hacernos la misma pregunta si queremos corregir el curso de nuestra historia.
¿Qué hemos hecho mal para tener el desmadre que vivimos ahora?
Comencemos por saber que los valores no se aprenden en cartillas. Estos se copian de nuestros modelos, que son nuestros padres, nuestros maestros y nuestros líderes y guías. De nada sirve cantarle al niño “no digamos jamás la mentira…” si todos vivimos continuamente mintiendo frente a su cara.
Si matamos a nuestros héroes, ¿creerán nuestros hijos (digo aquí hijos, no sólo refiriéndome a los hijos carnales, sino a las generaciones que somos responsables de formar) que somos seguidores de los valores de esos héroes cuando les rendimos homenaje y le erigimos una estatua?
Los seres humanos no son tan estúpidos, y mucho menos los jóvenes.
De igual manera, ¿creerán las nuevas generaciones que nuestra sociedad valora el conocimiento científico y cultural en general si nuestros hombres de ciencia y creadores intelectuales son parias en su propia tierra, y para lograr algo tienen que emigrar a otras tierras donde sí valoran estas artes, y además cuando regresan son vistos con recelo y casi llevados al ostracismo?
Antes al contrario, se dirán a sí mismos: Un hombre inteligente no se dedica a algo que sólo cuesta sacrificio y el desprecio de la sociedad.
Somos creadores de la sociedad que hoy vivimos, no son culpables los jóvenes de hoy de los desvalores de que tanto nos quejamos, nosotros mismos los forjamos y hoy cosechamos los frutos que sembramos. Como dice el adagio: Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Preguntemos hoy “¿Qué hicimos mal?” con sinceridad, para, corrigiendo los errores cometidos, construir un mañana viable.
Para cambiar el curso que lleva la sociedad habremos de honrar en vida a aquellos que vivieron con los valores que sabemos son positivos para el buen desarrollo de la sociedad.
Pero se honra no sólo reconociéndoles, sino también emulándolos, facilitándoles la labor, entusiasmando y ayudando a quienes les siguen; pues, como dice Santiago en alguna parte del libro de libros,

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