Cabrera: envidiable!

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Al municipio de Cabrera se llega desde cualquier parte: desde el mar, por tierra ¡y desde el cielo! Es un lugar paradisíaco, de gente buena, trabajadora y honesta donde la madre natura puso algo más que bendiciones. Rodeado de mar y montañas, con buenas autopistas y calles asfaltadas por este gobierno, en Cabrera se la dan de ser “el pueblo más seguro de la República Dominicana”. Y eso, en estos tiempos díscolos, frívolos, materialistas e inauditos, es una grande y grata sorpresa, pues la seguridad es vital para el desarrollo de toda nación, pueblo o sociedad. Cabrera solo tiene como 32 mil habitantes en un territorio lleno de verdor y donde las industrias ganadera, agrícola y turística ocupan a toda su gente, entre las que pueden contarse miles de haitianos y cientos de franceses, alemanes, italianos, rusos, ingleses y norteamericanos. El desarrollo del turismo ha provocado que más familias aprendan rápidamente los idiomas de esos extranjeros que han venido para quedarse. Además, son muchas las personas pensionadas en el extranjero que en Cabrera han encontrado “la paz que todo el mundo anhela”. Aunque en breve tiempo cualquiera recorre en vehículo este municipio perteneciente a la provincia María Trinidad Sánchez, lo mucho que hay que ver, lo mucho que hay que disfrutar y lo mucho que entusiasma su gente, hace imposible lograrlo todo en apenas dos o tres días. En Cabrera la honradez es como “una herencia familiar”; todo el mundo se conoce, se trata con cariño y respeto; se regocija con recibir al extranjero o al dominicano de otras localidades. Pues allí se disfruta a plenitud de un rico pescado, de especies marinas de todo tipo; de una gallina “criolla”; de un puerco asado en puyas; de una maravillosa recepción humana que no se olvida ni tiene con qué pagarse. Cabrera tiene bancos comerciales de sobra; una iglesia católica y varias evangélicas, pentecostales y de otras denominaciones. Y hasta “ateos” encuentra usted en el peregrinar por este bendecido pueblo de la región Nordeste, con el hermoso océano Atlántico llenándolo de sal, de mar, de frutos, de bendiciones. Se nota un tremendo “ajetreo” en el diario vivir entre los motoristas, bancas de apuestas y visitas a ríos y playas que envidiarían ciudadanos de países poderosos de la tierra. Y como buenos dominicanos, los “cabrereños” nunca han aceptado que “privaticen” sus playas, a pesar de ofrecimientos de dotar al pueblo de luz 24 horas de manera gratuita. Ellos son “ñoños” con sus ríos, sus playas, su verdor, los encantos venidos del cielo. El trato de la gente común es tan afable que no deja de sorprender a otros criollos y resaltan que “en Cabrera nunca se pasa hambre”. “Es que todos somos como una familia”, dice el doctor Bolívar Rodríguez, un médico que regresa a su pueblo en varias ocasiones al año para realizar “operativos médicos”. También recuerda que en julio se realiza “el encuentro anual de los cabrereños ausentes” y en septiembre “las Patronales de las Mercedes que son verdaderas fiestas de toda la población”. Otro médico residente allí, Nelson González, puntualiza que “en Cabrera se vive bien, con decencia, en amorosa convivencia con todo lo que nos ha dado la naturaleza”. Es actualmente funcionario del municipio y, quizás, un aspirante a la Sindicatura en el 2016. Un activista comunitario, Rey Guzmán, es el más vivo ejemplo del cabrereño que ama su terruño y a los demás, pues no descansa cuando hay que prestar asistencia a quien sea o informar de su pueblo a quien pregunte. Tony Medina Acosta trabaja en la rama de la construcción, lector voraz y muy independiente en criterios fundamentales sobre la supervivencia y la solidaridad humana. Con entusiasmo y rapidez le enseña al visitante diferentes y hermosos lugares, saludando de paso desde el vehículo a casi todo al que ve en una acera o en otro vehículo. En algunos casos se detiene, se desmonta del vehículo, entra a un establecimiento comercial y después de saludar a los dueños, él mismo se despacha lo que necesitará en la casa. En Cabrera la ganadería era antes lo que primaba; la pesca por igual y por siempre (hay pescaderías por doquiera y pocos pero muy buenos restaurantes que preparan mariscos y pescados al gusto de cada quien, con o sin coco); luego la agricultura (se producen plátanos, guineos, yuca, batata, auyama, buen pan, lechosa, mangos, limones agrios, etc ) y finalmente el turismo que ha venido a darle “otra cara” al pueblo. Son muchas las construcciones en hormigón armado, de blocks y ahora “Villas” que se ven por doquier. Hoteles de todo tipo y precio, desde una a cinco entrellas, dentro y en las afueras de la ciudad. Playa Grande, por ejemplo, es hermosa, con buenos restaurantes y a precios justos. Allí llegan turistas de todo el mundo a darse un baño de mar y “olvidar el frío” de nueve y diez meses al año. Los nativos la disfrutan por igual sobre todo porque en Cabrera hay una temperatura “caliente” casi todo el año. Hay otros lugares envidiables que “la Naturaleza solo creó en Cabrera”, al decir de Nelson Figuereo, un chef asentado aquí desde hace años. Una ferverosa amante de su pueblo y maestra de varias generaciones, pensionada, abogada-notaria y lectora voraz, Venecia Acosta ( ¿o Venezia sin ti? ), habla tan bien de Cabrera que obliga al visitante a pensarlo dos veces antes de regresarse a casa. Menciona las playas El Diamante, La Preciosa, Arroyo Salado, Caletón Grande, El Dudú, El Bretón “de extraordinaria belleza”, como si fuera un desprendimiento del Cabo Francés Viejo. Otro nativo de Cabrera que envuelve en magia a cualquiera para que visite este pueblo es Luis Acosta Hidalgo, quien cada vez que puede “me voy a disfrutar de mi gente, de mi pueblo”. En Cabrera usted llega y pregunta a cualquiera por alguien y de inmediato le explican dónde vive, cómo localizarlo, qué hace. Y hasta los que alguna vez se salen de la “civilidad” son conocidos y apreciados por todos. En la actualidad la Policía Nacional labora de manera encomiable para lograr que las cosas nunca se salgan del orden. Quizá hay necesidad de identificar en las entradas de Cabrera los lugares paradisíacos de que está dotado el municipio, además de identificar calles, números, barrios, etc. El alumbrado eléctrico debe ser completado en todos sus barrios y el agua, aunque a veces escasea, parece ser un problema en vía de solución permanente. Allí se ven pocos “tinacos” encima de las viviendas, muchas de ellas todavía de madera y cinc, centenarias. A Cabrera llegan a diario muchas personas que “se enamoran” de su gente, de sus bellezas, de todo aquello que “solo en Cabrera creó el Dios de todos”. Como el queso blanco o el amarillo “sabroso como no hay otro”; o el dulce de lechosa con leche, o el de leche con coco o con batata; o el mangú de buen pan con huevos criollos, pollo asado o puerco en puyas. Pero la “seguridad”, el poder andar con las joyas y prendas puestas, en confiar en el otro, el saber que allí no andan hombres armados matando mujeres por celos ni curas pedófilos, hacen de Cabrera el lugar ideal para vivir y el remanso de paz cuando muere la noche. Por todo esto, muy poco por cierto para lo que hay en realidad, os invito a conocer Cabrera, a donde se llega por el Norte y por el Este, por tierra y por mar y, aunque alguien lo dude ¡desde el mismo cielo! (Nota: Este municipio tenía en el dos mil doce unos 32 mil 224 habitantes y en Cabrera 16 mil 573 en un área de 276 kilómetros cuadrados. Tiene al Este a Puerto Plata y al Oeste a Samaná. En 1959 fue reconocido como municipio y llegó a llamarse “Tres Amarras” por el cabo orográfico del mismo nombre, antes de ser un “Puesto Cantonal” desde el 5 de julio de 1891. Su primer síndico fue Félix García y su lema es “entra si quieres, sal si puedes”).

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