Balaguer y Haití: la visión racial y cultural de un líder (1 de 2)

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El autor es economista. Reside en Santo Domingo

Por EDUARDO GARCIA MICHEL

Lo vi, en actitud meditativa, sentado en un espacio de trabajo situado en la parte posterior de su vivienda, cuyo frente se orienta hacia la avenida Máximo Gómez. El peso de los años había afectado su movilidad y su visión. Su mente rebosaba lucidez. Estaba, y él lo sabía, en el trayecto final de su existencia, fuera del gobierno que dirigió por alrededor de 20 años. Ejercía marcada influencia sobre el espectro político que se disputaba su complacencia.

Después de esa reunión, y sobre todo a raíz de su muerte en el año 2002, me he preguntado la razón por la que me recibió a mí, el filósofo Vitriólico, para hablar sobre el poeta de origen mocano Juan Antonio Alix (esa fue la excusa), pero sobre todo del problema haitiano.

Con respecto a Alix no me voy a extender, solo que, al repasar muy por encima su repertorio de décimas, no cesó de celebrar sus ocurrencias procaces.

Cuando entramos en el tema haitiano su rostro adquirió apariencia de rudeza. Su mandíbula se apretó. Pensé que podía hacerse daño. Luego se relajó e iniciamos un diálogo que me sorprendió.

Le dije -presidente (ese rango no se pierde aún se esté fuera del poder) -, ¿es Haití, o no lo es, una amenaza para la nación dominicana?

Balaguer en su casa con los hermanos Guilliani Cury

Sentí que algo como una culebrilla (herpes zoster) le estremeció su cuerpo. Quedó pensativo, balanceando sus piernas sobre la butaca.

Maestro Vitriólico, escuche bien lo que voy a decirle para que tenga la bondad de transmitirlo a los dominicanos.

-Es un honor para mí. -Le contesté. Observé en su rostro un rictus de satisfacción.

Pues bien, sepa usted, filósofo Vitriólico, que la amenaza haitiana no ha desaparecido. Se ha transformado. Ya no es política ni militar, sino biológica, espiritual, cultural, económica.

-Si engloba tantos factores, entonces el asunto es muy complejo -, atiné a apuntarle.

Se arrellanó en la butaca buscando una posición más cómoda.

Las raíces de la amenaza hay que buscarlas en la fecundidad de los haitianos -exclamó-. Y en las condiciones primitivas que singularizan su bajo nivel social.

-Pero -intenté explicarle –, hay muchos dominicanos que también viven en condiciones primitivas.

Un dejo de rabia contenida asomó a su rostro. Se irguió en el asiento.

-Los haitianos están envileciendo a los dominicanos, pero los dominicanos también se han envilecido sin necesidad de la influencia haitiana. Según Francisco Henríquez Carvajal, la mayor parte de los dominicanos vive en un estado de morbilidad permanente; son seres enfermos, inficionados de vicios morales o de ilusiones, que falsean completamente su esfuerzo intelectual. La corrupción de los dominicanos no se ha detenido. Se ha acelerado por el contacto con los haitianos.

¿Eso incluye a hombres y mujeres? -, le pregunté.

-La mujer dominicana rara vez se mezcla con el haitiano de baja condición. En cambio, el hombre dominicano carece de los más elementales escrúpulos sexuales- dijo.

Esperé a que desahogara su aliento. Quería que me detallara la naturaleza de las amenazas. Y lo hizo.

-La amenaza haitiana se manifiesta en su exceso de población que convierte al país en el espacio vital que requiere un pueblo tan prolífico, tan hambriento. Forzosamente terminará por abalanzarse sobre nuestras feraces tierras.

Ese proceso ya está bastante encaminado, ¿no es así, presidente?

Experimenté la sensación de que sentimientos tumultuosos cercaban su juicio.

-Se manifiesta también en la presencia de enfermedades como la lepra y la malaria, la tisis, el paludismo y el pian. Los haitianos cruzan la frontera con sus lombrices, con sus diarreas y convulsiones, sus larvas, demencias y vómitos. Como los animales, vehiculizan terribles enfermedades como la tisis.

Parecía dirigido por una consigna mesiánica, como si pugnara por guiar a su pueblo.

-El contacto con el haitiano tiene consecuencias letales para nuestra tradición de pueblo hispánico: decadencia étnica y relajación de las costumbres; incremento del abigeato y de la criminalidad; y la indolencia y pereza de la raza etíope.

Pensé en advertirle que sus expresiones podrían interpretarse de racistas. No tuve tiempo. Me interrumpió.

-Haití también representa una amenaza en el plano moral. Sus costumbres son exóticas y también bárbaras. El incesto caracteriza los bajos fondos de la población haitiana; la gangrena moral del vudú degrada a los dominicanos que lo practican.

En ese momento cerró los ojos en actitud de dormitar. Tenía la esperanza de que se repusiera y terminara de contarme sus convicciones sobre un tema de tanta trascendencia, sin descartar cualquier giro inesperado, pues es bien conocido que maneja con destreza la dialéctica y que combina las afirmaciones negativas con otras contrarias, con objeto de darles justificación.

Lo que me dijo después me causó espanto.

jpm-am

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Tu tocallo
Tu tocallo
1 hora hace

A los unicos que les sirven a la oligarquia dominicana es a los ricos y a mas nadie claro apoyada por los politicos.

Dominicano
Dominicano
3 horas hace

Esa ayuda y más cuando se trata de salud no debe ser rechazada, porque de seguro que hay miles de personas que la necesitan.

Molly Mill
Molly Mill
3 horas hace

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