El pueblo dominicano sabe que durante la ocupación de 1916 a Cayo Báez lo torturaron con un hierro caliente y la imagen suya que recorrió el mundo no deja dudas, de igual modo sabemos los dominicanos que al respetable poeta Fabio Fiallo lo vistieron de presidiario para exhibirlo barriendo las calles de la ciudad primada en una forma clara para degradarlo, como castigo por su abierta oposición a la presencia de tropas extranjeras en la patria que reclamaba que era suya.
Pero esos fueron sólo dos casos de los miles de abusos a los que fueron sometidos los dominicanos durante los ocho años de la presencia militar norteamericana en nuestro país. La represion sobrepasaba los límites de lo tolerable, por ejemplo dos empresarios venezolanos que tenían inversiones en los medios de prensa yque fueron deportados por expresar opiniones en contra de la ocupación.
Tan despotica fue la actitud del gobierno militar frente a los periodistas Horacio Blanco Frombona y Miguel Flores Cabrera, que cuando solicitaron se les permita llevarse los bienes que poseían en el pais, la respuesta de los invasores fue “no los enviamos desnudos para que ello no se constituya en una vergüenza para la autoridades de ocupación”. La represión invasora evolucionó con el paso del tiempo y la autoridad pasó a ejecutar el crimen callejero.
Los casos llegaron a miles, en Villa Duarte por ejemplo, la casa del general Ramón Batista fue asaltada por una patrulla extranjera y sin que mediaran palabras, lo acribillaron. La seguridad Batista respondió al ataque de los marines y acayeron dos de ellos. El tiroteo atrajo un número de curiosos a lugar y minutos despues aumentó la tragedia porque al llegar refuerzos abrieron fuego contra la multitud matando a varias personas e hiriendo a otros, entre los muertos hubo mujeres.
Lo que ocurrió en el Café Polo Norte ubicado en la calle Las Mercedes es inenarrable, una patrulla invasora exaltada mató allí a tres personas, entre los que había un menor, el motivo segun los marines fue que sonaron disparos en la zona. Pero la crueldad criminal se impuso en la aldea de Hato Mayor. Ante la mirada atónita de los residentes fue ahorcado el maestro y líder campesino Fidel Ferrer a quien tras su captura fue llevado al parque del pueblo y allí lo dejaron colgado con el propósito de darle un escarmiento a los pobladores de la zona. Pero hubo más en Hato Mayor, el anciano agricultor José María Rincón fue a la botica del pueblo a comprar medicinas para curar a un hijo que de forma accidental se había herido; Rincón fue arrestado bajo sospecha de que colaboraba con los rebeldes ocultos en las montañas, como castigo lo amarraron a un caballo y fue arrastrado por las calles del pueblo hasta que perdió el conocimiento y murio.
El cuerpo sin vida de José María Rincón fue colgado en un arbol a la entrada de Hato Mayor para que también sirviera de escarmiento a los guerrilleros que operaban por aquellos predios. La gente de Hato Mayor vió más, pero los casos del inmigrante sirio Agapito José y del agricultor Cipriano Alarcón que fueron ejecutaron en plena calle y frente a un grupo de parroquianos, constituyeron actos de crueldad sin precedentes y estan amplieamente documentados.
jpm

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