Arabia Saudita e Irán, hegemonía e Islam

Desde los primeros días del triunfo de la revolución islámica en Irán, este Estado y Arabia Saudita vienen librando una guerra por la hegemonía en Oriente Medio. En este enfrentamiento por el poder, la religión tiene un papel importante, como arma de batalla y a la vez elemento aglutinante. Los sauditas se consideran a sí mismos como los líderes del sunismo, corriente mayoritaria del Islam que representa cerca del 90% de los musulmanes a nivel global. Estos son la cuna del islam y tienen en su territorio los lugares sagrados de La Meca y Medina. Los iraníes, por su parte, son los estandartes del chiísmo, una gran minoría. El chiísmo viene a ser la religión de los desposeídos y los inconformistas del mundo musulmán. A modo general las diferencias entre ambas tradiciones podrían verse mínimas. Las dos tradiciones rinden culto a un mismo Dios, Alá, se encomiendan a un mismo Corán y a un mismo profeta, Mahoma. En la entrega de hoy, Arabia Saudita e Irán, Hegemonía e Islam, tratamos aspectos fundamentales de esta importante religión que al día de hoy suma más de 1200 millones de fieles y junto al judaísmo y el cristianismo forman las tres principales religiones monoteístas de la humanidad; de sus dos ramas principales sunismo y chiismo; así como de los dos Estados que se disputan su preeminencia, Arabia Saudita e Irán. Los chiíes son los seguidores de Alí, primo hermano y yerno del profeta Mahoma, casado con su hija Fátima y a quien ellos consideran su único sucesor. Para estos la dirección espiritual y temporal de la comunidad de creyentes debe estar en manos de un descendiente de la familia del profeta. Ya que Mahoma aportó al mundo una fe, una tradición, pero además una familia. Por esto entienden que esta familia es quien debe dirigir el islam. El cisma entre suníes y chiíes ocurrió en el año 632, cuando a la muerte de Mahoma surgió la cuestión de la sucesión. Abu Bakr, el padre de Aisha, la tercera mujer de Mahoma, se convirtió en su sucesor (califa) y nuevo líder del islam. Debido a que cuando el profeta cayó enfermo lo había designado para que dirigiese la oración en su lugar. Esta acción fue interpretada a la muerte de Mahoma, como deseo de que Abū Bakr fuese su sucesor. Basándose en su cercanía a Mahoma, Alí reclamó su derecho a sucederle auxiliado por sus partidarios, la Shi'at Ali (o facción de Alí) de la que procede el nombre de chiíes. Según la tradición chií, Mahoma exclamó antes de morir que el que predica la fe (imán) Alí será el sucesor ante la multitud de los fieles. Sin embargo, gran parte de la comunidad, eligió Califa a Abu Bakr por entender que esa era la voluntad de Mahoma. El conflicto estalló en 661, tras un breve periodo con cuatro califas bien guiados u ortodoxos, el cual todos los musulmanes consideran época dorada (Abu Bakr en 632; Omar en 634; Otmán en 644 y Alí en 656). Ese año Alí, el último califa bien guiado, esposo de la única hija de Mahoma, fue asesinado en la mezquita de Kufa. La dinastía Omeya de Damasco se hizo con el poder y Muawiya gobernador de Siria, se proclamó califa. La muerte de Alí no cerró la cuestión sucesoria, ya que sus partidarios lo rechazaron y se rebelaron exigiendo que la sucesión recayera en la línea de parentesco del profeta. Los seguidores de Alí depositaron sus esperanzas en el hijo de este, Hassan, que también fue asesinado en 680. Las esperanzas entonces fueron puestas en Hussein su hermano, que murió vilmente ese mismo año específicamente el 10 de octubre, cuando fue atacada su caravana de 128 personas (72 hombres, 54 niños y 2 mujeres) por un ejército de más de 4000 hombres enviado por Yazid I de los Omeyas, en la desproporcionada batalla de Kerbala en Irak. El cual se convirtió en uno de los lugares santos del martirologio chií. Este trágico hecho marca el rompimiento irreconciliable entre los chiítas y los sunitas. Es a partir de ahí que, el trágico destino de los alides es identificado, con la defensa del justo y del débil oprimido, por el tirano. Hoy día, a ese tirano se le llama wahabismo, el cual es una corriente ortodoxa del sunismo, el cual predomina en la península arábiga, y que es considerado por la monarquía saudita y sus seguidores como el islam original. Estos ven a los chiítas como herejes, como sus principales enemigos, pues son los enemigos del imán verdadero. La negación al sello de la profecía, de que después de Mahoma ya no vendrán más profetas. Por lo tanto, en la región estos son para ellos, un peligro igual o peor que los judíos y los cristianos. Los persas adoptaron el chiismo en el siglo VII de la era cristiana, después de haber sido invadidos por los árabes safávida. Al paso del tiempo vinieron a convertirse en sus defensores. En época reciente, cuando se desarrollaba la revolución islámica el Ayatolá Ruhollah Jomeini hablaba de un renacer del chiismo. Esto provocó que los chiistas en Bahréin, Pakistán, Irak donde son mayoría, o la misma Arabia Saudita, empezaran a exigir que se les diera más participación y mejores condiciones de existencia. En el presente el Ayatolá Alí Jamenei actual líder supremo de la República Islámica de Irán se ha proclamado a sí mism el protector de los chiitas. Es en este sentido que lo que Arabia Saudita ha llamado, la amenaza chiíta, contribuye a crear en los países del golfo pérsico, un sentimiento de unidad a lo interno de sus poblaciones, así como a concitar el apoyo extranjero, para intentar bloquear las ambiciones de Irán, que hoy por hoy es la nación con mayor población y la potencia más temible de la región. Continuaremos este tema… .

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