Por VINICIO TAVERAS
Han transcurrido ya casi tres años desde que el Partido Justicia Social (JS) formalizó su alianza con el Partido Revolucionario Moderno (PRM), y dos años del segundo período presidencial del presidente Luis Abinader. En las elecciones presidenciales de 2024, el Partido Justicia Social aportó alrededor de 50,000 votos, sumando de manera significativa al triunfo electoral. Sin embargo, en la actualidad no percibimos la reciprocidad ni el apoyo que, por lógica política y estrategia, debería derivarse de esa alianza.
Es comprensible que el presidente Abinader ya no otorgue la misma prioridad política a las alianzas partidarias, tomando en cuenta que no es aspirante a una nueva reelección. No obstante, esta realidad ha tenido consecuencias negativas: ministros y altos funcionarios del gobierno se muestran poco accesibles, no solo para las bases del propio PRM, sino también para los partidos aliados. La comunicación, la cordialidad y la cooperación estratégica que deben caracterizar una alianza política efectiva se han debilitado de manera evidente.
Sin lugar a dudas, los votos obtenidos únicamente por el PRM no fueron ni serán suficientes para garantizar triunfos electorales sostenibles en el tiempo, especialmente cuando el partido gira en torno a candidaturas surgidas de procesos internos. Así lo demostró el hecho de que en las elecciones de 2024 no se lograra una victoria en primera vuelta. Las alianzas políticas han sido y continúan siendo un factor determinante para el éxito electoral.
En ese sentido, el presidente Abinader no ha mostrado la firmeza de compromiso esperada con los partidos aliados. Aunque reconocemos que existen honrosas excepciones, lo cierto es que muchos de los compromisos pactados no se han cumplido, generando un descontento que trasciende el futuro inmediato. Se impone, por tanto, un cambio de actitud: dejar de lado los egos, volver a la cercanía con la gente, ponerse nuevamente “en mangas cortas y jeans” y regresar a las calles, a los barrios, a reconectar con las bases que sostienen el proyecto político.
El golpe ha sido particularmente fuerte para el dominicano en el exterior. Ningún dirigente de trascendencia ha sido colocado en posiciones estratégicas que permitan canalizar apoyo y soluciones a las bases. Se ha ignorado a esos compañeros que cooperan económicamente, que participan en marchas, organizan ferias, bingos y rifas para sostener el trabajo político interno. No han sido tomados en cuenta ni los de dentro ni los de fuera, lo que ha provocado una ausencia casi total de comunicación constante y cordial entre la dirigencia del PRM y los partidos aliados.
De todo lo expuesto, se puede concluir que el gobierno transita por un camino y el partido por otro. Aun en momentos de turbulencia política, y pese al silencio y la ausencia pública, las bases del PRM y de Justicia Social se mantienen vigilantes, sosteniendo una alianza defensora y estratégica para evitar mayores ruidos y disgustos dentro de nuestras organizaciones.
Esperamos que en los días por venir el presidente reaccione, vuelva a escuchar con atención el clamor de las bases y ponga nuevamente el oído en el corazón de ese pueblo llano y sencillo que lo colocó en el trayecto del sol.

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