Al Ministro de Educación, “con pique y sin pique”

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El autor es sacerdote, coordinador de la Pastoral Juvenil. Reside en Santo Domingo.

POR LUIS ROSARIO                                                         

¡En qué lío le han metido! Ni me imagino, señor Ministro, que Usted pueda ligarse a la promoción de malas costumbres en materia sexual, disfrazadas de bondad, progreso, desarrollo y de aparente reivindicación de la mujer. Pero hasta el más lego e iletrado percibe que una cosa es lo que se dice y otra lo que se intenta introducir a través de la orden departamental 33-2019, calzada con su firma.

Es imposible, señor Ministro, quedar bien con quien le encomendó esa odiosa tarea de contentar a organismos internacionales y acólitos que secundan el paquete de disparates que tratan de hacerle tragar a tantos pueblos. Nuestro país, si bien ha perdido muchos valores, no ha evacuado totalmente su dignidad, a pesar de los purgantes de degeneración sexual que le han hecho tragar.

En este revuelo por la orden departamental, no al azar, le ha golpeado también el tema de la lectura de la Biblia en las escuelas. Usted cayó en el gancho. No percibió que, aunque parezcan dos temas distintos, van de la mano. Pronunciarse a favor del respeto a la ley 44-00, reclamada por la resolución de la Cámara de Diputados, le hubiera dado la oportunidad de sacudirse un poco del polvo maloliente de la 33-2019. Los medios de comunicación aprovecharon esta doble debilidad que pesaba sobre sus hombros, para vender noticias, a costilla suya.

La tensión provocada por esas dos situaciones incómodas, no se resuelve tratando de dar explicaciones ideologizadas, de muy baja calidad conceptual. Tampoco agregando un sacerdote y un pastor evangélico al parcializado comité asesor externo, creado para diseñar las políticas de género en las escuelas. Ni hablemos de la inequidad que entraña la entidad asesora estatal escogida para tales fines.

La solución está en la anulación de esa orden departamental, que contiene un remedio peor que la enfermedad, de consecuencias ridículas y trágicas en relación a las buenas costumbres, la educación y la familia. La solución está además en el cumplimiento de la ley 44-00, porque de cuestionar la lectura de la Biblia en las escuelas, habría que llevar al paredón también los símbolos patrios: escudo, bandera y las sacrosantas palabras: Dios, Patria y Libertad.

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