NUEVA YORK.- Con la llegada del clima más cálido y el proceso de reapertura de ciertas tiendas ya en marcha, los neoyorquinos están dejando atrás el confinamiento y cada vez más se los ve en la calle o reunidos en parques disfrutando de un día de sol.
Muchos no llevan mascarilla y claramente no respetan los dos metros de distancia social, pero a la hora de hacer cumplir estas normativas, la cuestión racial está emergiendo como un factor determinante del accionar de la policía.
En barrios más blancos como el Upper East Side, en Manhattan, casi no se reportan multas ni arrestos, mientras que en zonas con mayoría de afroamericanos y latinos, como El Bronx o Brooklyn se han dado situaciones violentas.
“Estoy preocupada por la comunidad negra y latina, hemos visto este tipo de accionar policial con respecto a las máscaras en el subterráneo y en las calles y me preocupa muchísimo”, explica a RFI Mónica Sol, co-fundadora de la agrupación comunitaria Bushwick Mutual Aid en Brooklyn, que afirma ser frecuentemente testigo de esta disparidad racial.
“Sean conscientes que llamar a la policía para que ellos obliguen a alguien a usar la mascarilla puede empeorar la situación. ¡No llamen a la policía! Lo mejor siempre es hablar, porque esa persona puede terminar muerta o arrestada”, enfatiza.
Recientemente, una madre afroamericana que llevaba la mascarilla en el mentón mientras hablaba por celular fue tumbada al suelo por seis policías frente a su pequeño hijo. La situación fue captada en un video que se viralizó.
“Nunca deberíamos tener esta situación donde una mamá junto a su hijo termina arrestada por este tipo de infracción. Esto lisa y llanamente no está bien”, reaccionó el Jefe de Gobierno de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio.
“ Esto ha sido doloroso para todas las partes involucradas. Ningún neoyorquino quiere que sucedan estos episodios y para nosotros es doloroso porque significa que aún hay cosas que no funcionan como deberían”, agregó.
Como respuesta al abuso policial, el Gobierno está separando a esa fuerza de la tarea de asegurar que la gente use mascarilla. Esta responsabilidad estará a partir de ahora en manos de los “Embajadores de Distancia social”.
Se trata de 2.300 civiles, no armados y sin autoridad para efectuar arrestos, que repartirán mascaras en distintos puntos de la ciudad y que amablemente pedirán a la gente que se mantenga a dos metros de distancia.

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