El amor: clave de la paz
Me han preguntado ¿Cuál es la clave de la paz interior? He respondido, ¡amar! tener fe en Dios. Todo lo pongo en sus manos. Le pido que guíe mis pensamientos, palabras, acciones, que me haga instrumento de su paz y de su amor.
Hace tiempo comprendí, que la esencia del ser humano, su motor más poderoso y hermoso está en su alma, en sus sentimientos y vivo buscándolos. Lo material, no me desvía. Si capto amor en la persona, no importa que sea rica o pobre, ahí me refugio, sin miedo.
El amor es acogedor, cálido. Tiene el mágico encanto de dar tranquilidad. Es un sentimiento especial que nos hace suspirar, soñar, anhelar una mejor sociedad. Duele cuando no es correspondido, pero Dios es tan generoso que sabe amortiguar las penas, dando luces, guiando nuestras luchas.
Una luz que conduce al alma, a la esencia de las cosas es no detenerse en lo material. En mi caso, uso lo imprescindible para estar cómoda. Sin embargo, por algún motivo, como para tentarme, Dios me ha abierto escenarios hermosos y atractivos, pero no me han deslumbrado, los he disfrutado con normalidad.
Dentro de esos escenarios están: haber nacido en el corazón de una finca, rodeada de árboles, ríos y animales, en el seno de una familia acomodada; haber estudiado en prestigiosas universidades dentro y fuera del país; mis viajes por el mundo: Europa, América del Sur, Central, EU, África; la oportunidad de laborar desde importantes instituciones públicas y privadas; conocer personalidades formidables; mi hogar, mis hijos, refugio de paz.
En mi vida, todo ha fluido con facilidad. Me siento tranquila, segura, muy cómoda como soy, pero muy comprometida con Dios por su generosidad. No conozco la envidia, ni el odio ni los rencores. Solo se amar y perdonar. Me han acusado de que olvido con facilidad, los daños que han pretendido hacerme. Es cierto, en mi alma no hay espacio para ellos. Siempre he dejado que fluya mi YO interior y es tan fuerte, a causa de los valores morales, que nadie ha podido desviarlo de Dios. El observa, me ayuda.
Amigos y familiares dicen que no he cambiado. Es verdad, sigo siendo el mismo ser humano que se guía por los principios cristianos, con que me formaron mis padres. Creo en Dios y no me canso de pedirle que guíe mis pasos, los de mis seres queridos y se ocupe de los que no me comprenden.
Indiscutiblemente, una clave importante para encontrar paz es el amor, la sinceridad, decir lo que siente, hacer lo que quiere sin hacer daño y tratando de entender los demás; eso da alegría y una increíble tranquilidad.

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