La aplicación de las ineficaces recetas económicas y sociales que propician los tecnócratas del FMI tiene un impacto negativo e incrementan la peligrosa crisis económica e inestabilidad política que, desde hace varias décadas, afecta a la vecina república de Haití.
Lo anterior se evidenció cuando el gobierno haitiano, por exigencias del FMI, anunció el aumento de los precios de los combustibles desde un 38 % hasta 51 % y un mayor incremento de los aranceles para los principales productos que ese país necesita importar.
La incubada poblada no se hizo esperar y estalló ante tales despropósitos fondomonetaristas. Como respuesta inmediata, durante los días 6 y 8 del mes en curso, la mayoría de las ciudades del vecino país convulsionó con la tea incendiaria que se desató:
Incendios, destrucción y saqueo de decenas de pequeños y grandes negocios, de varios supermercados, bancos, industrias, vehículos y residencias. También con la muerte de 7 personas y más de 70 heridos, hasta arribar a la provocada renuncia (este sábado 14) del primer ministro Jack Guy Lafontant.
Esas fueron las consecuencias visualizadas de la última poblada haitiana. Sus efectos intangibles son de mayor magnitud y más largo alcance en el tiempo.
Ambas acciones (las recetas del FMI y la poblada) nada positivo aportan a la miseria y desgracia que padece el pueblo haitiano, que sigue siendo el más pobre del continente americano y del hemisferio occidental.
Por el contrario, estos hechos profundizaron la crisis económica con repercusión directa en la inestabilidad política y el desasosiego social, lo cual robustece la tesis de que Haití es un verdadero Estado fallido, con un futuro lúgubre, incierto e imprevisible.
Lo más preocupante de ese penoso y lamentable escenario económico, social y político del pueblo haitiano es el comportamiento insensible y las acciones demagógicas y oportunistas de las élites haitianas conformadas por reducidos grupos de ricas familias, políticos ambiciosos, empresarios inescrupulosos y por profesionales e intelectuales que solo piensan en imitar la francachela y modo de vida de los ricos europeos.
La renuncia del primer ministro, las recetas del FMI, las cuantiosas pérdidas económicas que produjo la poblada, la incapacidad e inexperiencia del Presidente Jovenel Moise, evidenciadas en sus casi dos años de gobierno, la presión anárquica que ejerce la oposición política y la recién salida de la MINUSTAH potencializan, sin lugar a dudas, la crisis económica e inestabilidad política de Haití.
Adicional a ese tétrico panorama haitiano, también observamos la indiferencia, inconsecuencia y falta de solidaridad efectiva por parte de varios organismos internacionales y de gobiernos de países ricos que solo teorizan y asumen poses con ridículas dádivas y propósitos mediáticos, pero ausentes en acciones directas que beneficien al empobrecido pueblo haitiano.
Ante esa indiscutible realidad que también gravita sobre la RD, Desde el Municipio, exhortamos al gobierno dominicano a declarar una alerta amarilla que permita tomar las medidas preventivas adecuadas para que la crisis e inestabilidad política por la que atraviesa la vecina república de Haití no afecten la paz y gobernabilidad democrática de nuestro país.

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