Los enfrentamientos en el sector judicial, dejan ver a las claras los tropezones por hinojos flojos de ese poder del Estado. Los jueces están para hablar por sentencia, y el ministerio público por expedientes. Si se cambia la regla de juego, se lanza al zafacón lo que debe ser espíritu acrisolado del sistema judicial.
Hay que rechazar los pleitos con exposición de trapos sucios entre los máximos representantes judiciales, y la Procuraduría General de la República y sus diversos estamentos. Es en el juicio oral, público y contradictorio que el ministerio público tiene que actuar, y los jueces aplicar sanciones o absolver a inocentes.
Más que malquerencias entre funcionarios, lo que se deja ver claro es que todavía la justicia dominicana transita con muletas y que deberá recorrer un largo camino hacia su institucionalidad. Uno de los males a corregir en un futuro cercano, es que a las posiciones no se debe llegar por cuotas a partidos políticos o sectores sociales.
Hemos avanzado mucho superando la arcaica convicción personal del magistrado. En ocasiones se actuaba de acuerdo con la conciencia, pero en otras no se sabía a ciencia cierta cuál era la verdadera convicción íntima. No es tiempo hoy de buscar soluciones a la íntima convicción, porque en cualquier proceso lo importante es la presentación del fardo de pruebas.
En el caso de los acusados por el caso de Odebreth, cuando el proceso va a entrar al juicio de fondo, ya se da un nuevo enfrentamiento entre las partes que deberían trabajar en forma coordinada para que se apliquen sanciones ejemplares, a los que puedan ser culpables. El circulo mediático no es para el estamento judicial. Ello le resta fuerzas ante la comunidad, y en vez de levantar una columna de verticalidad, exhibe que todavía muchos tienen los zapatos pisando el fango.
La polémica debe terminar de inmediato. Ya las partes se jalaron los cabellos. Se desahogaron. Página aparte. Que cesen los pleitos innecesarios y que cada cual respete su área y la del otro. El ministerio público juega su rol, y los jueces, a todos los niveles, también. Más ecuanimidad en el presidente de la Suprema Corte de Justicia, que no debe dejarse provocar y más cordura en una magistrada de amplio reconocimiento.
La justicia todavía tiene mucho camino que andar. Debe seguir depurando su casa, por lo que no es ocasión ni tiempo para perder la brújula con pleitos de comadres. El único estandarte que es lícito levantar es el de la moral, la ecuanimidad, la responsabilidad y la objetividad. Cualquier otra cosa debe ser echada al olvido. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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