La paradoja del trabajo y el empleo
En nuestro país, el trabajo y el empleo están tan desfasados que, a pesar de existir una cantidad extraordinaria de trabajo, ¡los empleos disponibles son escasos o no existen! ¿Cómo podemos explicar tan paradójica situación social? Por un lado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó, el 2013, que el 31% de los jóvenes entre 18 y 24 años de edad estaban desempleados y, según datos ofrecidos por el Banco Central Dominicano, a nivel general, el desempleo sobrepasaba el 15.0 %. Mientras que por el otro, los medios informativos escritos, radiales, televisivos o electrónicos, reseñan el deterioro de la seguridad nacional, del sistema de salud, de la recogida de basura y del suministro eléctrico, entre otros. ¡Los anteriores argumentos son mutuamente excluyentes! ¿Quién se atreve a decir que no hay trabajo cuando la basura y la peste producida por su descomposición nos arropan? ¿Cuánto empleados son necesarios para disminuir la criminalidad y aumentar la seguridad ciudadana? ¿Cuantos obreros se necesitan para que nuestras calles, carreteras y autopistas puedan ser transitables? ¿Cuantos entrenadores y maestros le hacen falta a nuestro sistema educativo para que lo saquen del lodazal en que se encuentra? ¿Cuántos médicos, cuantas enfermeras, cuantos técnicos especializados, cuantos farmacéuticos, etc., hacen falta para adecentar nuestro sistema de salud “pública”? ¿Cuantos obreros de la construcción (albañiles, electricistas, carpinteros, pintores, plomeros, arquitectos, etc.) se necesitan para construir las casas, escuelas, hospitales y parques que hacen falta en nuestras comunidades? ¿Cuantos campesinos necesitamos en el campo para producir los alimentos que consume el pueblo? ¿Cuánto…? Como podemos ver, ¡trabajo hay de sobra! Lo que no hay es la voluntad necesaria para gobernar en favor del pueblo, para colocar al trabajador por encima de las ganancias empresariales o para enfrentársele a la clase explotadora que, creando artificialmente escases de empleo, maximizan sus ganancias y mantienen el control sobre la clase trabajadora y sobre el aparato gubernamental diseñado, supuestamente, para proteger al trabajador. Trabajo hay, lo que no hay es una clase trabajadora consiente de su poder político, ni mucho menos, consiente de sus verdaderos enemigos. Sí, trabajo hay de sobra y siempre lo habrá; lo que nunca habrá, serán empleos dignos, hasta que los obreros, los campesinos y los excluidos, constituyéndose en partido, enfrenten y derroten a los que hoy claman que, para aliviar la falta de empleo y aumentar la competitividad, hay que reformar la Ley Laboral. felipe@lora.org

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