MOCA.- Miles de familias viven en situación de hacinamiento, precariedad, insalubridad y miseria extrema, careciendo de los servicios esenciales de suministro de agua, recogida de basura, energía eléctrica, salud y sanitarios, ante la mirada indiferente de las autoridades.
Se estima que alrededor de 3 mil familias residen en las inmediaciones del Río Moca, donde comenzaron a instalarse en la mitad de la década del 70, buscando mejores condiciones económicas y de vida.
La mayoría procedían de comunidades cercanas, tales como Paso de Moca, La Ermita, Estancia Nueva, San Víctor, Cuero Duro, San Francisco Arriba y Abajo, Monte de la Jagua, y de la zona montañosa de la provincia Espaillat, especialmente de Villa Trina, Jamao al Norte y Gaspar Hernández.
Los primeros pobladores de esta zona, en sus lugares de origen, vivieron de la producción agrícola y pecuaria, pero querían dejar el campo para “vivir en la ciudad”.
El agricultor Juan Rodríguez cuenta que vendió las tierras heredadas para emigrar al pueblo.
«Sin embargo tuve que alquilarme, comencé a chiripear en una paletera», dice cabizbajo.
Así comenzó una inmigración masiva de familias completas de campos de Moca y de zonas muy lejanas de la provincia Espaillat, formando una serie de barrios populares de esta comunidad, entre los que se destacan La Española, Viejo Puerto Rico, Los López l, ll y lll, Manuel Rodríguez, Isla Perdida, 30 de Mayo, Jaro Sucio, La Joyita de Juan López y La Joyita de La Piscina, Quijada Quieta, Salsipuedes, entre otro.
En estas populosas barriadas muchos realizan sus necesidades en letrinas o retretes que descargan al rio. Pocas veces les dan servicio de luz o les recogen la basura, porque tampoco la pagan, mientras que carecen de fuentes de empleos con los cuales ganarse el sustento diario y da las familias residentes en este lugar.
En época de inundaciones decenas de viviendas han sido sepultadas por los deslizamientos de tierra.
Gladys Moronta, quien lleva 43 años residiendo a orillas del río Moca, indica que estos se producen con frecuencia y ha arrastrado decenas de viviendas.
“Soy la primera que se mudó aquí y la única que queda en esta zona porque todas las personas que vivían ahí fueron arrastradas”, expone.
Manifestó que cuando construyó su vivienda, hace mucho tiempo, estaba a más de medio kilómetro del
afluente. “Ahora estoy prácticamente en el río y con la amenaza de que en cualquier momento me arrastre como ha ocurrido con muchos”.
Pidió a las autoridades ir en auxilio de cada una de estas familias.
La mayoría de viviendas ha sido construidas de madera, cartón y hojalata, por lo que sus residentes temen ser arrastradas con sus ajuares.
of-am


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