En su Ante de Comenzar, en Diario Libre, el admirado maestro Aníbal de Castro, aconseja que República Dominicana debe admitir “sin dramatismos ni falsa posturas soberanistas” que la proximidad geográfica con Estados Unidos condiciona inevitablemente sus decisiones económicas, comerciales y diplomáticas.
Don Aníbal sostiene que el retorno de Donald Trump a la centralidad política ha vuelto a colocar sobre la mesa “una noción antigua, incómoda y frecuentemente hipócrita: la realpolitik,” basada en “la defensa cruda de los intereses nacionales”, contraria a lo que define como “diplomacia sentimental” o “la retórica de los valores abstractos
Ese fatídico designio solo puede ser rebatido o afrontado con el señalamiento de que se trata de una verdad relativa, porque desde el momento mismo de la desaparición de las grandes ideologías, persiste la lucha entre concepciones de un mundo unipolar y la globalidad regulada por instituciones multilaterales.
Esa es otra verdad relativa, porque ciertamente Washington ha resucitado la doctrina Monroe, basada en el principio de que el continente americano forma parte de la seguridad interior estadounidense, por lo que España, Francia e Inglaterra tenían vedado colonizar su traspatio, lo que hoy se extiende a China y a Rusia.
La multipolaridad brega por sobrevivir, no solo a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con todas sus agencias, sino con organizaciones de última generación que luchan contra la unipolaridad, como es el caso de los BRICS, integrado por once economías emergentes que representan el 40.4% del PIB mundial y el 51% de la población global.
La Unión Europea es hoy un bastión del multilateralismo en los ámbitos geopolítico, comercial y económico, que ha sido contrapeso a los excesos de Oriente y ahora contra la ínfula hegemonista de Washington. Se resaltan también la Asociación Surasiática para la Cooperación Regional y la Unión Africana, entre muchas otras.
República Dominicana esta compelida a adecuar su estrategia diplomática “a la realpolitik” que refiere Aníbal de Castro, “sin ingenuidades ni declaraciones liricas”, sino movido por sus intereses, pero el concepto de nación estaría condenado a desaparecer, si un gobierno, pequeño o grande incumple su obligación de defender el principio constitucional de soberanía y autodeterminación.
El mundo no será unipolar en términos político, económicos ni en el control de la ciencia y la tecnología, aunque las esferas de influencia geopolítica sometan a naciones como República Dominicana a los escarnios del mayoral, pero no debe olvidarse que la dignidad es un don divino al que ningún gentilicio debería renunciar.
JPM


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