SANTO DOMINGO.- La clausura de la primera Feria Regional del Libro y la Cultura del Cibao marca mucho más que el cierre exitoso de una semana de actividades en la provincia dominicana Santiago de los Caballeros.
Por Mariela Pérez Valenzuela
Corresponsal jefa en República Dominicana
La acción representa un avance en el proceso de descentralización de la vida cultural en el país y una reafirmación del libro como instrumento de cohesión social, memoria colectiva y desarrollo, en un contexto en que las grandes capitales tienden a monopolizar la producción y circulación de bienes simbólicos.
No se trata únicamente de una feria exitosa -medible en términos de asistencia, ventas o volumen de quehaceres-, sino de una acción que desplaza el centro de gravedad de la vida intelectual del país, en consonancia con la estrategia de descentralización que impulsa el Ministerio de Cultura.
Durante siete días, del 19 al 26 de abril, cada título dejó de ser un objeto restringido a circuitos especializados para convertirse en una experiencia compartida, con la participación activa de las 14 provincias de la región norte de la República Dominicana.
Familias, estudiantes y lectores ocasionales confluyeron en un espacio que desbordó la lógica tradicional de las presentaciones literarias, al integrar tecnología, artes, pensamiento crítico y pedagogía en una misma conversación pública.
Esa capacidad de convocatoria desde la diversidad es, quizá, su mayor logro.
EL CIBAO, FÉRTIL EN PRODUCCIûN CULTURAL
El Cibao -históricamente fértil en producción cultural, pero a veces relegado en términos de visibilidad- asumió un rol protagónico como afirmación de una identidad plural que exige ser vista en sus propios términos.
La asistencia de miles de personas y la realización de más de 250 diligencias evidenciaron que existe un tejido vivo fuera de los grandes centros de poder.
La relevancia de esta feria radica en haber convertido la promoción de la lectura en una experiencia amplia, integradora y multisectorial.
El evento incluyó un pabellón central con estands representativos de cada provincia participante, así como espacios dedicados a librerías y editoriales, cómics, artesanía, presentaciones literarias, talleres, conversación con autores, exposiciones, espacios para la infancia, y espectáculos artísticos.
Es decir, no se trató solo de una propuesta editorial, sino de un escenario donde convergieron literatura, artes visuales, patrimonio, educación y tecnología, que amplió la noción de lo cultural hacia una perspectiva más dinámica y contemporánea, y fortaleció el valor del patrimonio como herramienta de ciudadanía.
PINCELADAS DE LA FERIA
Entre las múltiples propuestas resaltó la presentación a cargo del historiador Edwin Espinal de la serie de cuadernillos sobre la Guerra de la Restauración, una obra orientada a fortalecer la identidad nacional.
También destacó el coloquio «Los avatares de la bahía y la península de Samaná», en el cual el magistrado Milton Ray Guevara y Luis Efraín Baldrich Beauregard analizaron la singularidad histórica de esta demarcación.
«Panorama de la dramaturgia en el Cibao 1981-2026», con los escritores Carlos Burgos y José Adolfo Pichardo, ofreció un balance crítico sobre la evolución del teatro en la región durante las últimas décadas.
En este contexto, Pichardo manifestó que «el teatro en el Cibao ha sabido adaptarse a las transformaciones sociales, manteniendo una voz propia que oscila entre lo experimental y lo social, pero siempre arraigada a nuestra realidad local».
En el Pabellón de Identidad y Ciudadanía, ubicado en el bar del Gran Teatro del Cibao, se efectuó la charla «Del objeto del deseo al sujeto deseante: cuerpo y erotismo en la poesía escrita por mujeres», a cargo de la autora Débora Parra. El espacio exploró la evolución de la lírica femenina contemporánea.
CULTURA Y CIENCIA EN PERFECTA ARMONÍA
Resulta igualmente revelador que, en paralelo a la oferta literaria, convivieran propuestas que vinculan la cultura con otros ámbitos, como el científico.
Cientos de estudiantes se dieron cita en el estand del Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC) para vivir la experiencia del simulador de vuelo de la Academia Superior de Ciencias Aeronáuticas (ASCA).
El director general del IDAC, Igor Rodríguez Durán, destacó que ese encuentro fue concebido para acercar la aviación a la población, motivar a las nuevas generaciones a no ver sus sueños como reto inalcanzable y mostrarles las oportunidades que ofrece un sector que demanda talento humano.
INSTITUCIONALIZACIûN ANUAL DEL EVENTO
La institucionalización anual del evento, anunciada por el presidente dominicano, Luis Abinader, introduce una oportunidad decisiva: la continuidad.
Sin ella, toda efervescencia cultural corre el riesgo de diluirse en la anécdota; con ella, en cambio, se abre la posibilidad de construir tradición, de sedimentar públicos y de que la adquisición de un libro deje de ser una celebración episódica para convertirse en una presencia constante en la vida social.
Durante un recorrido por el recinto, el mandatario señaló que en esta feria «hay un pedacito de cada provincia del Cibao».
En América Latina, donde los procesos de descentralización del quehacer artístico suelen verse limitados por la falta de permanencia, asegurar la periodicidad de este encuentro constituye un avance estratégico.
Hay, sin embargo, un desafío implícito: evitar que el éxito inicial se convierta en fórmula. Toda política cultural que aspire a perdurar debe sostenerse en la innovación, en la escucha activa de sus públicos y en la capacidad de reinventarse sin perder su propósito.
INVERSIûN GENERA RESULTADOS TANGIBLES
La feria, además, confirma que la inversión pública en cultura genera resultados tangibles. Las ventas de millones de pesos en libros y la masiva participación reflejan que la demanda por bienes simbólicos existe, siempre que se generen las condiciones adecuadas para acercarlos a la ciudadanía.
Esta respuesta del público contradice la idea de que la lectura ocupa un lugar marginal en las prioridades sociales y demuestra que las políticas bien articuladas pueden producir un impacto positivo.
Más allá de las cifras, la trascendencia de esta primera edición está en su dimensión palpable: el Cibao se transformó en epicentro del diálogo cultural y demostró que la diversidad territorial enriquece el proyecto de una nación.
of-am

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