Por LUIS CASTILLO
La diáspora dominicana envía cada año más de 15,000 millones de dólares en remesas, además de miles de millones en mercancías y alimentos. Somos la segunda fuente de divisas del país, después del turismo, y la segunda provincia electoral. Sin embargo, seguimos siendo invisibles para el Estado.
El presidente Luis Abinader prometió un plan para integrar a la diáspora en la vida económica y social de la nación. Cinco años después, no hay ley, ni políticas públicas, ni una sola acción concreta.
Lo que reclamamos no son privilegios, sino justicia:
* Una ventanilla única de servicios para la diáspora.
* Importación anual libre de impuestos hasta por US$100,000, en lugar de la limitada “gracia navideña”.
* Préstamos a tasa cero, a 20 o 30 años, para vivienda e inversión.
* Acceso a la Seguridad Social dominicana, financiado con los US$10 de impuesto de salida que ya pagamos.
Mientras sectores como el turismo y las zonas francas reciben incentivos millonarios, la diáspora —que produce divisas directas para las familias dominicanas— no recibe nada.
Señor presidente, aún está a tiempo: convierta sus promesas en hechos y reconozca a la diáspora como lo que es: un pilar de la economía nacional.


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