La embajadora está presentando la cara fea del sistema

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

Somos un país dependiente y sometido. Muchos lo quieren olvidar y  otros se hacen los desatendidos y la mayoría toma los caminos que les trazan los conquistadores de opinión pública. La verdad es que los Estados Unidos, su gobierno y su sociedad, norman la vida en países sub-desarrollados como la República Dominicana.

Los gobiernos son tímidos y se les doblan las rodillas, al momento de tener que salir al frente a problemas nodales, donde estén  en juego intereses norteamericanos. Con el caso haitiano se pone de manifiesta la presión que recibe el gobierno, y la forma en que evade el problema, o le da largas para no enfrentarlo.

La designada embajadora de los Estados Unidos  para la República Dominicana esbozó recientemente lo que dice será su principal plan de trabajo y es acabar con los apátridas, los haitianos indocumentados, o los que siendo hijos de ilegales deben recibir la nacionalidad dominicana.

Es una irresponsabilidad considerar que esas declaraciones fueron dadas por la embajadora  norteamericana para lograr que el Congreso de su país la acepte como diplomática. No señores, la política exterior de los Estados Unidos, y las confirmaciones en el Congreso, no se llevan a cabo de esa forma.

Se cuestiona su grado profesional, su visión del mundo, de los intereses norteamericanos y en especial si sintoniza dentro del programa delineado por el establecimiento norteamericano. Lo que dijo esa diplomática en el Congreso Norteamericano es la postura oficial de su gobierno. Nada ha cambiado, es la misma línea que defendió el pasado enviado de los Estados Unidos. Esa decisión está por encima de un gobierno determinado, y es la postura de los sectores de poder de los esa nación.

Considerar que simplemente fue una indelicadeza de la embajadora, es faltar al rigor de la investigación política, y lo que es peor, es ser complaciente, a sabiendas de que se oculta la parte más importante de la verdad. Quieren los norteamericanos la frontera libre, que a los nacidos en el país, sin importar si son ilegales, o hijos de indocumentados, se les dé el carnet y el acta de nacimiento que   conste que  dominicanos.

Es infantil levantar que como los Estados Unidos no quieren dejar pasar a su territorio a los Mexicanos, nosotros tenemos que obligarlos a que acepten los haitianos. Por Dios, la principal potencia del mundo impone su regla de juego, no toma en cuenta las razones y los intereses de naciones bananeras y les pone la bota en el pescuezo cuando protestan.

Los dominicanos tenemos que revisarnos. Hemos perdido la sensibilidad social, el don de luchar por reivindicaciones, el enfrentar a las grandes potencias cuando nos mancillan. Somos nosotros lo que estamos mal. Perdimos la capacidad de lucha que nos permitió hacer frente a dos intervenciones de los Estados Unidos con el pecho erguido y las armas en las manos.

La soberanía y la territorialidad dominicana no son negociables. Sea una nación bananera o una gran potencia, deben saber que el derecho sacrosanto a vivir en democracia, en paz y con derechos es una conquista que los dominicanos consiguieron a golpe de muertos y de ríos de sangre.

Ahora no es el momento de doblar las rodillas. La embajadora está presentando la cara fea del sistema. Ella es sencillamente una mensajera de turno. Es el sistema norteamericano y sus gobiernos  los que conspiran contra nuestra soberanía y nuestro territorio. Si no defendemos hoy nuestro territorio,  nuestra soberanía y nuestra nacionalidad, mañana viviremos de rodillas, con zíper en la boca y por vergüenza, con miedo de ver nuestro rostro reflejado en el agua.

JPM

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