Yo también estuve ahí
El escritor y cineasta Jimmy Sierra narró en dos relatos la pugna de hace más de 50 años entre simpatizantes del Partido Comunista Dominicano (PCD) y de la Línea Roja del 14 de Junio por el control del naciente club Mauricio Báez, que ganó el IJ4, con el voto favorable de un grupo de niños.
Esa historia contada por el acucioso investigador, constituye una útil oportunidad para analizar el papel de la izquierda en la extinción o nulidad del movimiento clubístico que emergió en 1963, cuyo espacio que ocupaban es hoy operado por el narcotráfico.
En 1968, un grupo de jóvenes formamos en el barrio de San Carlos, el Club Juan Sánchez Lamouth, que promovía la cultura a través de la celebración de muchos “actos liricos culturales”, durante los cuales se presentaban obras teatrales, grupos folclóricos, de poesía coreada, entre otras manifestaciones artísticas.
La directiva de ese club estuvo integrada básicamente por simpatizantes del PRD, MPD y Línea Roja, pero ninguno de esos grupos intentó controlar sus estructuras, aunque se promovía la educación y discusión política, por lo que era común ver a jóvenes en las esquinas discutir los planteamientos de sus respectivos partidos.
Ese ambiente de pluralidad cambió drásticamente a comienzo de la década de los 70s, cuando la izquierda se peleó abiertamente por el control de decenas de clubes deportivos y culturales diseminados por todos los barrios de la capital.
En 1971, fundé junto a otros jóvenes en el barrio Capotillo el Club Salome Ureña, con el mismo perfil del Juan Sánchez Lamouth, que ya languidecía en San Carlos, pero esta entidad operaba una escuela y un programa de alfabetización de adultos.
La Línea Roja del IJ4 y el MPD se unieron en el propósito de controlar al Salomé Ureña y para tal fin emprendieron una campaña de denuestos contra mi persona que ostentaba el liderazgo de la entidad y contra el grupo que dirigíamos el club y la escuela.
El club murió asfixiado por la intolerancia ideológica, como la mayoría de esas organizaciones que debieron haber sido templos de formación de un sano liderazgo barrial, donde los niños y adolescente se recrearan en la cultura y en los deportes.
La izquierda cometió un grave error al pretender que los clubes barriales formaran parte de su estructura organizacional o como centro de operaciones y de propaganda, pero más aún, de impedir que muchos jóvenes accedieran a la directiva o liderazgo de esas organizaciones. Volveré sobre el tema, porque yo también estuve ahí.

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