Why Books Fail?

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El autor es economista. Reside en Santo Domingo.

“Nuestro libro no está basado en la creencia  ingenua de que una teoría lo puede explicar todo.”

Acemoglu y Robinson (Why nations fail, p. 429) 

El mercadeo está en todo, hasta en la escritura de libros. Create Space, el departamento de libros de Amazon, insiste en la necesidad de una portada atractiva, y un título todavía más. ¿Cómo comprar un libro? Porque no puede uno probarlo, como se prueba una camisa o un bombillo. No hay garantía, o la oferta de que puede devolverlo y recibir un reembolso completo si no es de su satisfacción. Cuando todavía existían las revistas Playboy, las envolvían en un plástico para que los consumidores no pudieran hojearlas en los estantes. Si su curiosidad era satisfecha antes de tiempo, no iban a comprar.

He comprado cantidad de libros, más que por la portada, por el título. Por supuesto, he recibido numerosas decepciones. Pero, ¿por qué más me puedo guiar? Los resúmenes, las lecturas parciales, no es que hacen mejor el trabajo. Y las recensiones son muy pocas. Si el libro es muy malo, luego viene la decisión cruel de abandonarlo. ¿No hay siempre que dar un chance, una oportunidad? A lo mejor lo bueno viene más adelante… Cuando lo adelante se convierte en doscientas páginas y todavía no aparece nada que valga la pena, bueno, se pierde el entusiasmo. Aunque, como dije en otra ocasión, hay libros que se salvan por una sola oración. Sucede con el panfleto Los Narcos Gringos, donde dice: “si se acabara el narcotráfico, instituciones financieras como American Express o Citibank se irían a la quiebra.” (Esquivel, J. Jesús, p. 112)

Por supuesto, la reputación del o los autores es una recomendación. Y la opinión de los “especialistas” igual. Aunque siempre es bueno saber cuál es la especialización de cada especialista, porque es un asunto que se deja en el aire. Las más de las veces no es la que se piensa, aunque hay que reconocer que son buenos en más de una cosa (sobre todo en las que les conviene).

A la inversa, hay libros con un título horroroso, quizás el autor sufre de lectores-fobia, miedo escénico o timidez clínica y quiera pasar absolutamente desapercibido. Y resulta que su libro es magnífico, merecedor, por supuesto, de un mejor nombre. A veces problemas de traducción, que el timbre y sentido de las frases –más allá de las palabras- no es el mismo en todos los códigos. Sucede con el título de Linda Schierse Leonard, La mujer herida. Un título cliché y cursi para lo que a la postre resulta la obra.

Con esto caigo en el celebrado Por qué fallan las naciones, título sugestivo apoyado con cintillo, contraportada y páginas completas de elogios y felicitaciones.  Sólo al final, cuatrocientas cuarenta y seis páginas después, viene la mala noticia: “you can’t engineer prosperity.” ¿Ahora me lo dicen? Y entonces, ¿cuál era el plan del libro?

La teoría es bastante simple y –sobre todo- vieja y, lo que es peor, no se reconocen viejas paternidades. Existen instituciones extractivas e instituciones inclusivas, habiendo en cada una un mecanismo de reproducción: círculos viciosos, círculos virtuosos. Existen rupturas críticas, y el principio del éxito es la destrucción creativa. ¡Listo! En este molde  grueso y cuadrado se mete la historia de la humanidad –orbe et orbi-, más o menos desde el neandertal para acá. La prueba concluyente del fracaso es África, y la del éxito Gran Bretaña y los EUA. Y… hubo una relación de explotación –instituciones inclusivas para unos pero extractivas para otros, que los autores olímpicamente pasan por alto-… antes de que lleguemos al siglo XX, por ahí del XVI esclavista y algo después. Una visión a mil metros de altura hacia una distancia de diez kilómetros, un reporte de minucias repetitivas que sólo demuestra la paciencia investigativa de los autores (y que exige la de los lectores).

Lo de las rupturas críticas es marxismo básico. Y la destrucción creativa es de Schumpeter. Inclusión-exclusión es la viejísima teoría del desarrollo, que fracasó debido a su falta de desarrollo. Y si a tomar prestado vamos, faltaron dos piezas clave mucho más explicativas que otras con las que uno tropieza a cada paso: monopolio e imperialismo. Aunque le pongamos otros nombres menos feos. Hoy, por ejemplo, decimos países “en vías de desarrollo”. Aquello de países subdesarrollados se oye… racista. Hay “globalización” pero no imperialismo, etc. Cambiar los nombres, buscar eufemismos, pues para eso tenemos a las “instituciones multinacionales” (y sus comisionados locales).

Si cambiar los nombres resuelve los problemas, bueno eso es otra cosa. Seguramente resolver los problemas es mucho pedir. Quinientas páginas en las que no hay absolutamente nada nuevo, por mucha fanfarria y elogios con las que los presente la industria. A mí me vendieron un Manual Práctico sobre cómo convertir un país pobre y subdesarrollado (como la República Dominicana) en un país rico y desarrollado (como los EUA) Doce pasos prácticos, claros e infalibles, comprensibles por no expertos. Para nerds. Compré una cosa y me vendieron otra. Y ahora no puedo devolver el libro. ¿Quién lo quiere? Se lo regalo…

of-am

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