Según los directivos de la sede del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) en Santo Domingo; en algún lugar de las oficinas de la presidencia están los expedientes de veteranos periodistas neoyorquinos de larga data en su trayectoria profesional, que han solicitado su pensión.
Esta no es la coyuntura apropiada para plantear el asunto, pero cada quien tras lo que entiende son sus metas inmediatas. Fuimos desprendidos, y coadyuvamos con pasadas directivas para que se les otorgaran a otros colegas enfermos y con calamitosa situación económica, y, efectivamente, fueron beneficiados.
Aun así, como se dice: “nos han dejado oliendo donde se guisa”. Estamos conscientes de que estas son “pensiones especiales” y una gracia a favor de periodistas de prolongado ejercicio; que el gobierno, legalmente, no está obligado a otorgarlas. Pero debemos señalar que, si en esta urbe se ha beneficiado a gente sin sostenida trayectoria en el periodismo, con más razón debemos ser correspondidos.
Hasta el momento se nos ha marginado. Es un acto de violencia. Si se entiende que la gente se valora por lo que estudia y lo que hace aunque sea interrumpidamente, entonces es un contrasentido otorgarle una pensión a quien, exactamente, no ha ejercido como periodista. El que escribe inició sus pinitos en la materia, en el año 1978. También se sabe de nuestro trabajo como reportero y hasta encargado de redacción, en esta urbe.
En esta seccional se ha pensionado a gente que ni califican para ser matriculados en el CDP. En los años 90, en un irregular proceso de actualización de miembros de la entidad, se matriculó a personas que nunca se titularon; no trabajaron como calificados periodistas, y mucho menos eran remunerados por ejercer el oficio cuando se fundó el CDP.
Es lamentable admitir que República Dominicana es un país donde, también por compromisos y temor a “líderes” políticos, persisten desidias y cofradías que generan lamentables falencias institucionales.
Por esos amarres no se respeta-perdón por la inmodestia-, lo decente ni decoroso del ejercicio profesional sin máculas. Se excluye y discrimina. Cuando injustamente, se obvian méritos adquiridos con denodados esfuerzos; con ello se violentan nuestros derechos.

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