En tiempos de guerra, el silencio también comunica. Y cuando ese silencio proviene del líder de más de mil millones de católicos, inevitablemente se convierte en materia de debate, incomodidad y crítica.
El pontificado del papa León XIV ha quedado marcado por una insistente defensa de la paz y por su rechazo frontal a la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán. El Papa ha condenado repetidamente las amenazas contra la población iraní, calificando de “inaceptable” cualquier discurso que contemple la destrucción de civiles o de infraestructura no militar.
Sin embargo, mientras eleva su voz contra la guerra, muchos se preguntan por qué esa misma firmeza no aparece cuando se trata de denunciar directamente al régimen iraní que tiene 47 años maltratando, masacrando, reprimiendo con saña fanatizada, y asesinando en masa a la población iraní.
Y es que, la criminal teocracia de Teherán, arrastra décadas de acusaciones por persecución religiosa, ejecuciones políticas, represión de protestas, censura, encarcelamiento de opositores y asesinatos selectivos y en masa cuando el pueblo iraní ha salido a protestar. Incluso en los primeros meses de 2026, organizaciones internacionales y analistas han denunciado nuevas olas de represión y apagones de internet por meses para sofocar protestas internas.
Aun así, el papa ha preferido mantenerse en un terreno más abstracto: condenar “la violencia”, “el odio”, “la guerra” y “la destrucción”, evitando señalar con claridad a los responsables específicos de esas atrocidades.

Para muchos críticos, esa neutralidad moral resulta difícil de justificar. No basta con pedir paz cuando una de las partes lleva años sembrando terror dentro y fuera de sus fronteras. No basta con lamentar la guerra si no se reconoce quién ha contribuido decisivamente a crear el clima de odio, fanatismo y represión que hoy amenaza a toda la región.
Las tensiones entre el Papa y Donald Trump han girado precisamente alrededor de esa cuestión. Trump ha acusado al pontífice de minimizar el peligro que representa Irán y de ignorar el historial del régimen en materia de asesinatos, terrorismo y ambiciones nucleares. Según el presidente estadounidense, no se puede hablar de paz sin reconocer primero quién amenaza esa paz.
El Papa, por su parte, insiste en que su misión no es alinearse con bloques políticos o militares, sino evitar una tragedia aún mayor. Ha reiterado que ninguna amenaza contra un pueblo entero puede ser moralmente aceptable y que la guerra solo multiplica el sufrimiento de inocentes.
Pero la historia demuestra que la paz sin verdad puede convertirse en simple evasión. A veces, condenar la violencia en términos generales no alcanza. A veces, el deber moral exige llamar a las cosas por su nombre.
Y hoy, para muchos observadores, el gran problema no es que el papa León XIV hable demasiado contra la guerra, es que habla demasiado poco contra quienes llevan años alimentándola, por lo que en ese sentido, la iglesia católica y su principal representante deben revisar su cuestionable y contradictoria postura ante regímenes repudiables como es el iraní, y otros de igual calaña.

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En medio de la escalada bélica que sacude al mundo, una nueva línea de confrontación ha quedado al descubierto: no solo se bombardearon territorios, también se intentó doblegar conciencias.
Las recientes denuncias sobre presiones del gobierno de Donald Trump hacia el Vaticano constituyen una señal alarmante del grado de arrogancia imperialista que pretende imponer su narrativa incluso sobre instituciones históricamente autónomas como la Iglesia católica.
La fe no se bombardea
El Papa León XIV ha sido claro en su postura: rechazar la retórica belicista y llamar a la paz. En un momento en que la humanidad enfrenta el riesgo real de una conflagración regional de consecuencias incalculables, la voz del Vaticano representa —para millones— un llamado a la contención, al diálogo y a la dignidad humana.
La dignidad no se negocia
El intento de presionar al Vaticano no solo pone en evidencia la desesperación de una estrategia bélica cuestionada; también reafirma la importancia de las voces que se niegan a someterse.
Cuando el exterminio de una civilización puede decirse en voz alta —y sin consecuencias inmediatas— algo se rompe en el espacio público
Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que «toda una civilización podría morir» en Irán, elevó el tono de una crisis geopolítica y cruzó un umbral simbólico inquietante. La amenaza no era a un gobierno, ni a un ejército, ni siquiera a un régimen, sino a una civilización.
Como advierten algunos análisis recientes, cuando el exterminio de una civilización puede decirse en voz alta -y sin consecuencias inmediatas- algo se rompe en el espacio público. La violencia no comienza con los misiles, sino con las palabras que la hacen imaginable, aceptable, incluso justificable.
Cuando una potencia global adopta el lenguaje de la destrucción total, introduce una lógica que la historia conoce demasiado bien: la del enemigo absoluto, noción que invalida cualquier límite.
Aquí reside la paradoja más inquietante. Amenazar con borrar una civilización es, en sí mismo, un acto de barbarie que ya ha ocurrido en el plano del discurso. Hay fronteras que, una vez cruzadas, no se desandan fácilmente.
Irán, como antes Persia, ha sobrevivido a la caída de imperios que se creían eternos. Probablemente sobrevivirá también a esta crisis. Pero el verdadero daño puede no estar allí, sino en otro lugar menos visible, como es la normalización de un lenguaje que convierte lo impensable en opción política. Desde esa perspectiva, la civilización amenazada deja de ser solo la iraní.
El Papa n o ha dicho que simpatice o apoye el regimen de los Ayatolas como lo definen algunos, no ha dicho que apoya la forma de gobierno hoy enjIran, el Papa solo ha condenado la guerra donde sea que haya sido lloevada, ha condenado a los que han hecho de la guerra su modo de vida, de exterminio, de barbarie, de genocidio, ha criticado a los que al despertarse lo primero que hacen es amenazar a tal o cual pais
El Papa no ah dicho que apoye o simpatice con los Ayatolas, pero si condeno a quien atribuyendose un poder absolutista se atribujyo elo derecho de borrar con bombas y misiles la civilizacion persa o irani, luego de haber ordenado disparar a un colegio de niñas asesinando con un misil a 168 niñas
El Papa no ha dicho que apoye o simpatice con los Ayatolas, pero condeno el derecho que se han atribuido algunos tiranos de asesinar mas de 78 mil niños en La Franja de Gaza y mas 68 mil mujeres, que no representaban una amenaza militar
El Papa no ha dicho que simpatice o apoye a los Ayatolas, solo condeno a quienes por intereses de dominacion llevaron la guerra a Rusia usando a Ucrania de intermediaria, a los que desde el 2014 bombardean y asesinan niños, mujeres y ancianos en el Donbass
El Papa no ha dicho que apoye o simpatice con los Ayatolas, pero condeno a los que asesinan niños,mujeres y ancianos en El Libano con sus bombardeos, en Siria y Cisjordania
El Papa no ha dicho que apoye o simpatice con los Ayatolas, pero condeno a quienes pusieron armas en manos de presuntos manifestantes en Iran, paqra justificar su agresion contra ese pais y amenazar con borrarlo como civilizacion
bn expresado y muy real como siempre la paja siempre duele en el ojo ageno
El papa, no ha logrado ni ha hecho gestiones de paz en los países en guerra, es muy teórico y cero pragmático, la iglesia católica va en decadencia por su complicidad en el mundo con los gobiernos que han oprimido a los pueblos. Hagan su trabajo como debe.
El papa es lider de millones y millones de seguidores en el Mundo; un trumpo da algunas vueltas y pronto termina la ronda.
Amigo. Usted no ha entendido la crítica. El Papa ha sido tibio, con este asunto, especialmente cuando el régimen Iraní tiene décadas asesinando a sus propios ciudadanos, de una forma vil, porque no tiene como defenderse, además de eso financiando el terrorismo, y busca a ver si el papa ha dicho ni esta boca es mía, es un hipócrita. Si el Papa quiere la paz, porque no se ofrece el mismo como mediador, porque no gestiona el mismo las conversaciones de paz (Y te recuerdo que el estado del Vaticano es un estado político, el Papa es también un ente… Leer mas »
Igualito que el papa Pío Xll.
Hipocrecia del prelado de Roma.