La construcción de una nueva sociedad civil en la República Dominicana sólo será legítima y transformadora si nace libre de agencias y financiamientos de organismos internacionales.
Este no es un planteamiento ideológico ni un rechazo automático a la cooperación global, sino una advertencia basada en la experiencia histórica y en el análisis crítico del poder, la influencia y la dependencia.
Cuando la sociedad civil se financia desde el exterior, inevitablemente se ve condicionada. Los recursos no son neutros: traen agendas, prioridades y marcos conceptuales que rara vez responden de forma genuina a la realidad social dominicana.
Bajo el discurso del “fortalecimiento institucional” o la “participación ciudadana”, muchas veces se reproducen modelos importados que no surgen del pueblo ni dialogan con sus verdaderas necesidades.
El resultado es una sociedad civil más cercana a informes y donantes que a barrios, campos y comunidades. Desde una perspectiva analítica, es evidente que gran parte de las organizaciones llamadas “civiles” terminan actuando como intermediarias técnicas, no como representantes sociales.
Hablan en nombre del pueblo, pero no viven sus urgencias; gestionan proyectos, pero no construyen conciencia; administran fondos, pero no generan poder ciudadano. Esta distorsión debilita la credibilidad social y convierte la participación en una simulación bien financiada.
Una sociedad civil auténtica debe sostenerse con recursos nacionales, aportes comunitarios y compromiso voluntario, aunque el camino sea más lento y complejo. La independencia económica es la base de la independencia política y moral. Sin ella, no hay capacidad real de cuestionar al poder, ni al Estado, ni a intereses externos.
Excluir a agencias y financiamientos internacionales de este proceso no significa aislarse del mundo, sino recuperar la soberanía social. Significa afirmar que los problemas dominicanos deben ser pensados, debatidos y enfrentados por dominicanos, desde su historia, su cultura y sus contradicciones.
La nueva sociedad civil sólo será creíble si responde al pueblo y no a patrocinadores. De lo contrario, cambiarán los discursos, pero no las estructuras; los nombres, pero no la dependencia. Y eso no es transformación: es continuidad maquillada.
jpm-am


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