Por TAMMY FRANCO
Estamos viviendo momentos desafiantes, después de dos meses de encierro, con el lema “quédate en casa”, ahora como ya sabemos, las autoridades han ido desmontando la cuarentena establecida para mitigar la pandemia generada por el Covid-19.
Esto es debido a la presión que ejercen todos los sectores que conviven en nuestro país, el deterioro de la economía, las elecciones pautadas pendientes y sobre todo el grito de la comunidad prisionera en sus hogares que no resiste el encierro, han puesto una camisa de fuerza a las autoridades; aunque la pandemia continua su curso de contagios, dando como resultado a que estamos obligados a convivir con el virus.
La limitación del toque de queda, la reapertura de parte del sector comercial y la puesta en funcionamiento del transporte colectivo, tales como el metro, el teleférico y los autobuses de transporte urbano de la OMSA, a la par de que se continua con el uso de los carritos públicos o carros de concho, permite que las personas en su propia realidad de necesidad accedan a los transportes mencionados debido a que tienen que llegar a su lugar de trabajo. Entonces, aunque se deben apegar al distanciamiento social, las aglomeraciones de personas están a la orden del día.
Las experiencias vividas durante este tiempo, desde que llenos de preocupación ante un contagio inminente nos acogimos a la cuarentena, saliendo apenas a buscar provisiones porque los pagos de los servicios, ya se pueden hacer por nuestros dispositivos. Recibiendo innumerables invitaciones para oír conferencias o cursos virtualmente en plataformas gratuitas o mayormente haciendo nuestro trabajo desde la casa, de manera virtual o telefónica. Hemos adquirido un protocolo de salir con guantes y mascarilla, y al regreso dejar los zapatos afuera, asearnos inmediatamente y así mismo lavar hasta los víveres comprados. pretendiendo una garantía que nos aleje de un contagio.
De nuevo debemos de reinventarnos, porque todos no podemos quedarnos en casa y tratar de convivir de forma segura con el virus. Entender que esto ya es un hecho y no debemos dejar que nos quite la paz. No entrar en pánico y no abrumarnos por lo que vemos y escuchemos, sin miedo y sin ansiedad. Hay que actuar con sabiduría. ¡Vamos a usar la sabiduría! “No estén afanosos por nada dice la Escritura”.
Sabemos que el dominicano con su idiosincrasia y la lógica natural que lo caracteriza, su despreocupación en sentido general actúa como que nunca le va a pasar nada, se pone una mascarilla de tela que realmente no le protege, es tan expresivo y efusivo que viola el distanciamiento social, esto puede provocar un aumento en los contagios. Es por esto por lo que debemos recalcar el actuar sin temor, pero sobre todo con conciencia.
No queramos controlar a los demás, controlemos lo que nos corresponde, cuidemos de nuestras familias ya que la vida continua. Para concluir pienso que debemos movernos en sabiduría, no apoyarnos en nuestro propio entendimiento, seguir las instrucciones de las autoridades y confiar en el Señor. Esto no es eterno, esto también va a pasar.
JPM


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