“Tú no eres loco”

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Fueron muchas las veces que al presentarle un editorial, material de opinión o  historia principal, el director de El Nacional me respondió con un lacónico “tú no eres loco”, con lo que exoneraba el trabajo de revisión,  para mí era una muestra de confianza pero también una pesada carga de compromiso personal.

Radhames Gómez Pepín tenía un carácter muy fuerte, pero solo en apariencia, porque al final, después de muchos resabios, conciliaba con el redactor o el reportero sobre la naturaleza o alcance de la información que se manejaba en esas mañanas intensas y alborotadas  de la redacción.

Cuando  el periódico iba a publicar una noticia  de fuerte impacto social, económico o político Radhames mandaba a media mañana al área de diagramación un título principal falso para que los calieses  enviaran un reporte distinto a los organismos de inteligencia del Estado y así salvar lo que creía un palo periodístico.

Ingresé a El Nacional para la edición de Nueva York 1984, nombrado por  Bonaparte Gautreaux Piñeiro (Cabito), quien en mi primer día de trabajo me jugó una  broma, al convocar a toda la redacción a su oficina para informarle que  había llegado un periodista “que piensa” y que, por consiguiente, aspiraba a desplazarlo.

Por la tarde fui asignado como reportero a la fuente policial, por lo que tenía la ventaja sobre mis colegas de la mañana de poder obtener primero informaciones que luego serían  fiambres, como fueron muchos apresamientos o asesinatos de políticos o decomisos de drogas.

En una ocasión, al presentarle a mi jefe la noticia del día sobre un cargamentos de centenares de kilos de marihuana, le solicité que me permitiera denunciar que  un general me entregó en sobre cerrado 35 pesos, “en señal de gratitud” por mi trabajo profesional, lo que  para mí era una dadiva o payola.

Cabito desestimó mi pedido y en cambio me aconsejó que  devolviera los 35 pesos al general y  le solicitara muy amablemente que en vez de dinero me obsequiara libros, lo que resultó con el tiempo en una gran amistad con esa oficial y literato que se prolongó hasta el día de su muerte.

Fueron muchos los periodistas jóvenes que combinábamos el ejercicio con la actividad política, el gremialismo y el magisterio, la mayoría de los cuales tuvimos la suerte de ser dirigidos por maestros que también tenían  preferencias políticas, pero siempre ejercieron con absoluta lealtad y decoro profesional.

No dejo de mencionar a Mario Álvarez Duran (Cuchito), quien  fungió como director de El Nacional, antes de ejercer esas funciones en el periódico HOY, a quien un día le informé que recibí amenaza de muerte por una serie de reportajes  que escribí sobre  tráfico de cocaína en barrios de la parte alta de Santo Domingo.

Con gran sabiduría, Cuchito me aconsejó que continuara con otros trabajos periodísticos  que realizaba sobre  el sector salud, porque si se cumplía esa amenaza sólo me tocaría la mitad de un editorial, con lo que quiso decir que aún era un periodista joven y muy vulnerable.

Si el tal Alzheimer no me secuestra, me gustaría recrear aquellos tiempos cuando el  buen ejercicio del periodismo se resumía en la sabia expresión de Radhames Gómez Pepín: “tú no eres loco”.

of-am

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