Más de un millón 600 mil dominicanos figuran entre los 160 millones de personas que estan expuestas en Estados Unidos a “una tormenta invernal inusualmente grande y severa” que provoca “un clima potencialmente catastrófico”, en una franja de casi tres mil kilómetros, desde Nuevo México a Nueva York.
El 70% de los más de 2.4 millones que residen en territorio estadounidense, están asentados en Nueva York (41%), Nueva Jersey (17%) y Massachusetts (11%), la zona que sufriría el mayor impacto de una tormenta que según los expertos sería recordada por décadas, que se desplaza desde las altas llanuras y las Montañas Rocosas hacia la costa este.
En tan aciago momento climático que padecen más de 1.6 millones de nuestros compatriotas, la mayoría exiliados económicos, deberíamos reflexionar sobre porque si la economía lleva más de dos décadas de crecimiento sostenible, la inmigración dominicana a Estados Unidos ha crecido en un 46% desde 2010.
¿Es que acaso que al inmigrante dominicano le gusta disfrutar de temperatura gélida o de pronóstico de clima “potencialmente catastrófico”, como el que se vaticina para las ciudades y estados donde reside el grueso de nuestra diáspora? Es obvio que la mayoría emigró y malvive en esos lares acosada por la inequidad económica.
Ningún dominicano en su sano juicio emigraría por pura aventura desde su país de playa, sol y montaña para afrontar tipo de tormenta que acarrea todos los peligros climáticos invernales, como nieve intensa, hielo, lluvia y frio, a lo que hoy está expuesto más de la mita de la población estadounidense.
A eso se agrega que los inmigrantes dominicanos legales o indocumentados están expuestos a sufrir escarnios de una especie de guardia imperial que detiene y maltrata a personas con fisonomía latina o asiática en terrible reedición de la esvástica germánica.
Gobierno, clase políticas ni empresariado nunca han reflexionado sobre cómo evitar que millones de dominicanos emigren a Estados Unidos y a Europa, acosados por la marginalidad económica y el desamparo social, contrarios a otros gentilicios que emigran también por represión política, étnica o religiosa.
Alrededor del 25% de las divisas que ingresan a la economía dominicana, unos once mil millones de dólares, son aportados por dominicanos residentes en el exterior, el 85% de la diáspora nativa en Estados Unidos, lo que hace difícil que la clase dirigente promueva su retorno.
Hoy, cuando millones de dominicanos se exponen a una de las peores tormentas invernales de Estados Unidos, con temperaturas extremadamente gélidas en Nueva York Massachusetts y Nueva Jersey, lo menos que podemos hacer es enviar una voz de aliento a esos compatriotas expuestos a tan brutal clima.
of-am


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