Tratando de buscarle un paliativo a la penosa situación de la multinacional Odebrecht en la República Dominicana, un amigo nos dijo que el dinero pagado por los cariocas, no era un soborno sino, una buena propina. Una vulgar y silvestre mordidita, como dicen los mexicanos.
Puede que nuestro amigo tenga razón, pues la Real Academia de la Lengua define la palabra “Propina” en una de sus acepciones como: =Agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio=.
No tenemos ninguna duda de que los ejecutivos de Odebrecht, quedaron sumamente satisfechos con el servicio recibido por parte de algunos de nuestros legisladores, funcionarios y cabilderos.
Pero la diferencia de la propina con el soborno es, que aquella se da después del servicio y como satisfacción del cliente, cosa que es legal, al punto que en algunos países, como el nuestro, está regulado.
Mientras que el soborno lo define la RAE como: =Dar dinero o regalos a alguien para conseguir algo de forma ilícita=.
El soborno, encarece los costos, la propina no necesariamente.
Pero, hay un aspecto del entramado de corrupción, el cual no se toma mucho en cuenta, principalmente en nuestros países, que es el peor de todos. La extorsión.
Mientras la propina se paga por transacciones o servicios efectuados y el soborno se utiliza para conseguir alguna obra o actividad comercial, aunque sea de forma indebida, la extorsión es la más execrable pues detiene todo un proyecto.
Lo infame de este entarimado de extorsión es, que participa un extenso grupo de actores. Desde el más alto funcionario de un gobierno, hay incluso presidentes presos, hasta el más humilde, pero igual de corrupto, mensajero.
En la actualidad, los americanos han puesto de moda perseguir la corrupción en dos versiones, el soborno y el lavado de activos. Pero solo aquellos con ritmo de merengue, samba y cumbia. Nunca las que tienen algún aire de Jazz o Blues y como tienen prohibido bailar rumba y son, también excluyeron estos compases.
Es una pena decirlo pero, el soborno y el lavado, cada uno a su manera, siempre tratan de invertir sus capitales. Unos para acrecentar sus riquezas y otros para legalizarlos. Pero, aun así, son inversiones que contribuyen al desarrollo. Los países considerados paraísos fiscales son una excelente muestra.
Por el contrario, con la extorsión, cosa que regularmente no se persigue judicialmente, cualquier funcionario de quinta categoría puede detener un millonario proyecto, pues,
¡Si no me dan lo mío, esa vaina no pasa!
Pongámosle más atención a la extorsión. Esa es la madre de la corrupción en todas sus vertientes y el verdadero valladar del progreso.
jpm


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