Por Roberto Veras
Desde los años de mi niñez se ha querido presentar a San Cristóbal como un feudo exclusivo de Rafael Trujillo, una etiqueta repetida tantas veces que para algunos ha terminado pareciendo una verdad absoluta. Sin embargo, esa visión reduccionista ignora la riqueza histórica, social y humana de una provincia que ha sido mucho más que la sombra de un dictador. San Cristóbal tiene identidad propia, forjada mucho antes y mucho después de cualquier figura individual.
“San Cristóbal ha sido territorio de importantes primacías, ya que siempre ha tenido un lugar preponderante en todos los momentos trascendentes de la historia nacional”. Esta afirmación resume con claridad el rol que ha jugado la provincia en la construcción de la República Dominicana. Desde procesos políticos hasta aportes económicos y culturales, San Cristóbal ha estado presente en las grandes decisiones y transformaciones del país.
Reducir a San Cristóbal a la figura de Trujillo es desconocer su verdadero aporte histórico. Por eso es necesario decirlo con firmeza: San Cristóbal no es Trujillo. La provincia no puede ni debe cargar eternamente con un estigma que no representa la esencia ni la dignidad de su gente, ni el valor de su historia colectiva.
Se ha tildado a San Cristóbal como “un pueblo de Trujillo”, cuando en realidad es un pueblo del trabajo, del esfuerzo y de la perseverancia. Es una tierra que posee todo lo que tienen las demás provincias del país: recursos naturales, talento humano, cultura viva y un profundo sentido de pertenencia nacional.
San Cristóbal es un pueblo de hombres y mujeres trabajadores, de gente pujante que día tras día se levanta a producir, a educar a sus hijos y a aportar al desarrollo nacional. Su gente no vive del pasado, sino del presente y del futuro que construye con sacrificio y dignidad.
La historia no puede escribirse desde el prejuicio ni desde la simplificación. Reconocer los errores del pasado no significa negar la grandeza de un pueblo. San Cristóbal merece ser visto y valorado en su justa dimensión, como una provincia con voz propia, con memoria, pero también con esperanza.
Reivindicar a San Cristóbal es un acto de justicia histórica. Es reconocer que su gente no es rehén de una narrativa impuesta, sino protagonista de su propio destino. San Cristóbal es historia, es trabajo y es dignidad; es parte esencial de la nación dominicana, más allá de cualquier nombre o apellido.
jpm-am


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