En la mañana del 24 de Junio de 1960, mientras el Presidente Rómulo Betancourt se dirigía en automóvil hacia el palacio de Miraflores, sede del gobierno de Venezuela, la caravana presidencial fue objeto de un atentado que casi cobra la vida del gobernante. En la emboscada murió el coronel Ramón Armas Pérez, jefe de la escolta del gobernante.
La trama fue rápidamente atribuida a los cuerpos represivos del dictador dominicano Rafael L. Trujillo, de quien se dice había intentado matarlo en más de una ocasión y quien acusaba a Betancourt de auspiciar grupos opositores a él.
El Presidente Betancourt era considerado para la época como uno de los líderes de la democracia en el hemisferio y un abanderado de las libertades en Iberoamérica.
Posteriormente fue demostrado ante los organismos internacionales que Trujillo estuvo detrás de la trama y por ello el país fue condenado a severas sanciones económicas en la Cumbre San Jose, en Costa Rica; más tarde en testimonios separados, el general Arturo Espaillat y el coronel Johnny Abbes García, dos directores de los cuerpos de seguridad del régimen de Trujillo, admitieron que el dictador había ordenado la trama.
Pero en orden interno, cuentan en Venezuela que días antes de producirse el ataque, la oposición venezolana acusaba al presidente Rómulo Betancourt de peculado dentro de su administración. En respuesta y en un intento para esclarecer su reputación, el mandatario hizo un juramento en una aparición pública.
Rómulo Betancourt buscaba defender su mandato y su honor cuando hizo la aparición pública, y citamos lo que dijo entonces: «la oposición me acusa de corrupción, y dicen que he tomado los dineros del Estado para beneficio personal, y yo juro ante el pueblo de Venezuela y el mundo, que ojalá se me quemen las manos, el día que me preste a participar en actos de malversación».
Como resultado del atentado, un coche cargado de dinamita fue activado por control remoto justo al momento que cruzaba la caravana en que viajaba el Presidente y con el estallido el Presidente Betancourt sufrió quemaduras severas en ambas manos; quizás coincidencia o por cosas del destino, pero en esos días en Venezuela rodó en el lenguaje popular la parodia siguiente: «Quedó comprobado…Se le quemaron las manos al Presidente».
Así somos de especiales en esta América de habla hispana.
JPM

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