Los curas y los pastores deben salir de la política partidista. Ese no puede ser su camino. Defendiendo posiciones grupales, lo que hacen es entrar a un terreno que no es de su competencia, y juegan a las triquiñuelas de los que buscan posiciones.
El paño negro sobre las religiones está en sus incursiones partidistas. Todos somos políticos, tenemos obligación a exigir a derechos, responsabilidades, libertades públicas y genuina distribución de las riquezas.
Pero cuando los curas y los pastores abogan por situaciones partidistas, abandonan la bíblica para convertirse en abanderados de causas donde lo más importante es la posición económica y social. Siempre las iglesias han sido abanderadas de diabluras terrenales, cuando apoyan a caudillos o líderes de ocasión.
En el país tenemos por siempre el recuerdo de Trujillo, aposentado y aupado por la Iglesia Católica, que impulsó una de los basamentos filosóficas del régimen, en un país que era casi totalmente religioso.
En América Latina las iglesias sirvieron para dar legalidad a gobiernos militares, que asesinaron a miles de personas levantando la bandera del anticomunismo. Nunca se han hecho revisiones críticas a esa etapa, y la iglesia prefiere pasar la página sin siquiera darse golpes en el pecho.
La iglesia cristiana, como se llama a los evangélicos, ha ido avanzando, hoy están casi a la paridad de la iglesia católica, con una gran diferencia. Entre los católicos solo hay una línea de mando, una sola cabeza, una sola línea. Los evangélicos son dueños de su pequeña iglesia. En ocasiones en un barrio hay cinco locales de congregaciones y no mantienen ninguna relación entre ellos.
Los principales líderes de la iglesia evangélica juegan hoy a tomar acciones partidistas, y eso es un error. Hay reeleccionistas, enemigos de la reelección y otros que buscan alcanzar cargos electivos. Meterse en el partidismo es abandonar a la bíblia.
Para los hombres de fe, es un error navegar en el partidismo local, porque las agrupaciones políticas están carcomidas por la corrupción, la inoperancia, la búsqueda de ventajas personales y el abandono de los principios. Son partidos desfasados de la realidad del siglo 21, a los cuales no les interesa la mejoría social ni el bienestar de la comunidad.
Meterse en esa batahola, y dejar de llevar la biblia en alto es un error que para ellos va a ser imperdonable. A la larga sufrirán el rechazo de su misma membresía. Además, la iglesia debe ser un local para todos. Las banderías políticas deben quedar en la casa y no tratar de mezclarlas con la biblia.
Tienen que revisarse los pastores evangélicos que se están dejando seducir por la vida partidaria. A tiempo deben comprender que ese no es su camino. Allí serán absorbidos por el arribismo y la barbarie. Se necesita un mensaje orientador, no un nuevo vocinglero de la turbamulta. Que se mantenga en el área de conciencia y la fe la máxima de que donde dos hablen a mi nombre allí estoy yo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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