PRD, padrón, convención y prensa

En el PRD, y es cierto que no solo ellos, en toda su historia se han adoptados decisiones excluyentes, cesaristas, sin tener en cuenta la opiniones de los militantes. Ejemplo de ellos los hay a borbotones, el congrego del PLD fue una muestra palpable, donde papeleta mato a menú, robo de urnas, repartidera de dinero, tiros y agresiones fueron los elementos del folklor político dominicano, expresado en ese evento peledeista. En el PRD, si esos elementos no se manifiestan en su “fiesta de democracia”, no se da por realizado el evento. Por la acidez de esos eventos, por las trifulcas y violencias que la matizan, Pena Gómez tuvo que realizar acuerdos de aposentos entre los grupos enfrentados e incluso inventar formulas como el dos y dos, que muy pocos cumplieron. Recordemos el concordazo, que algunos de sus protagonistas aun estan vivo, ese evento del PRD no ha podido ser superado en desorden por ningún otro, donde se lanzó granada y sillazos, produciendo muerte. El otro gran desorden fue el escenificado por Hipólito Mejía y sus huestes, cuando de manera violenta, a tiros y sillazos impidieron que el comité ejecutivo del PRD se reuniera, desbaratando de manera total el mobiliario del PRD, reunión convocada legítimamente por sus autoridades electas, encabezada por su presidente Miguel Vargas. El de ahora, el que se vivió en esta convención del partido blanco, fue una pajita de coco, comparado con esos dos acontecimientos, y otros no de menos importancia vivido por esa organización. Y es que siempre ha sido así, y de todos, hasta de las divisiones el PRD sale airoso, y resurge como el ave fénix. Son enfrentamientos, por intereses y control de la organización, de las elites que tienen de manera férrea el poder, y la negativa de los desplazados del poder partidarios a aceptar su no participación en las definiciones fundamentales de la organización, en la elección de sus candidatos internos y congresuales y municipales. Las bases, los militantes carecen de mecanismos para premiar o castigar a sus líderes si estos no cumplen con sus promesas electorales, sus programas de gobierno o sus compromisos internos. Esa es la pura realidad de nuestros partidos politos, todos sin excepción, a pesar de cacarear, repetir incansablemente su vocación democrática, han carecido de ella, o han tendido bajos niveles de democracia interna. Pero hoy ya todo ha cambiado, si bien es cierto que necesitan los partidos mostrar pluralismo, disidencia, como elementos fundamental de la democratización de los partidos, no menos cierto es, y así quedo evidenciado en el pasado proceso electoral, donde perdió Hipólito Mejía, que para ganar elecciones se necesitan altos niveles de disciplina y cohesión interna, mostrar un partido unido y homogéneo ante el electorado. Que fue lo que no entendió Hipólito y sus asesores. Gran dilema que ha vivido y aun hoy vive el PRD, si es excesivamente democrático resulta ingobernable, pero si no es democrático afecta la confianza de la gente hacia él, y vulnera la calidad del sistema democrático. El PRD desde su nacimiento ha sido una federación de grupos, grupos que se han puesto de acuerdos, después de muchas trifulcas, para la elección de sus candidatos Siempre, o casi siempre, los candidatos se han elegidos “a dedo”, cuando no bajo fraude o artimaña, pero muy pocas veces ha habido participación efectiva y consciente de los militantes que validen honestamente, o legitimasen las elecciones internas. En el PRD, y eso no es un secreto para nadie, las elites que hoy son disidente de ese partido se negaron siempre al recambio de las autoridades partidarias, era, fíjense bien, una constante reelección de los mismos dirigentes o de miembros vinculados a ellos, que llegaron incluso a la ancianidad con el control del partido blanco. Miguel Vargas rompió ese esquema Esas elites, su proceder, dificultaban el relevo, la democracia interna en el PRD, ya que no facilitaban la igualdad de oportunidades de los miembros ascender en la carrera burocrática partidista. Debido a todas esas experiencias vividas, y fundamentalmente a lo vivido en la convención donde se eligió a Hipólito Mejía como candidato presidencial y todas las estela de dudas y problema suscitados, el presidente de Miguel Vargas, impulsa, propone la celebración de elecciones internas cerradas, para que como en esa ocasión, y otras de triste recordación, no se vea afectada la autonomía partidista y no se ponga en entredicho la naturaleza misma de la propia organización. PADRON Es una tozudez de algunos oponerse a las reformas de los partidos, siempre se ha dicho que es muy difícil que los políticos reformen sus organizaciones, porque ello implica enfrentamiento, desgaste de liderazgo, decía un periodista español: “vaya usted a un partido y proponga reformas. Le anticipo la reacción: o bien una sonrisa autocomplaciente de indiferencia ante lo exótico o bien un rictus de autodefensa ante lo absurdo”. Miguel Vargas ha corrido todos los riesgos por ser el principal impulsor de las políticas de modernización interna en su partido. Debemos recordar que siempre se criticaba, eran las opiniones de sociólogos, técnicos, intelectuales, periodistas, politólogos y hasta de los propios perredeistas, que el PRD no tenia, que nunca tuvo un padrón electoral, y se atrevían a decir que ni existía de la membrecía de su Comité Central, que el padrón, decían ellos era un vaciado del de la JCE. Por ellos el cuestionamiento a la membrecía que decía el PRD que sobrepasaba el millón de miembros. Al sincerizarse ese padrón de un millón y reducirse a medio millón y algo, esos mismos que criticaban la abultada membrecía del partido blanco hoy asumen una actitud de critica a la sincerizacion que se llevó a cabo en el PRD con sus reales y verdaderos miembros. Quizás pudieron ser mas y llegar a los setecientos mil, pero el grupo de Hipólito Mejía, desde el principio llamó a sus adeptos a no reinscribirse , lo que por lógica los dejo fuera de la organización hasta tanto pase el proceso convencional y decidan acogerse al llamado de reinscripción. Posiblemente, ellos querían que las reglas que se adoptaran les beneficien a su grupo político interno, o que como siempre se hicieran acuerdos de aposentos. Como no se hizo así, ellos denunciaron, y aun lo siguen diciendo por los medios de comunicación, que sus acólitos, que no se reinscribieron fueron expulsados, excluidos. La convención Bajo esa realidad, con El padrón del PRD reducido a medio millón de militantes, y las denuncias de exclusiones, claro porque ellos los denunciantes se llevaron de Hipólito y no se reinscribieron, y abalado ese padrón por el TSE, se realizo el proceso de votación en el partido blanco. Imagínense que podría pasar si en ese escenario, un dirigente se lanza a última hora a aspirar a la presidencia del PRD, en este caso Guido Gómez, por demás sin estructura ni una plataforma partidaria interna. Y desafía mediáticamente, compite contra el candidato Miguel Vargas, que si tiene estructura partidaria y control del partido blanco. Guido fue a una derrota segura. El único camino que le que le quedaba era la insurrección, el pleito y la anarquía para tratar de desacreditar esa convención. Para ese objetivo se hizo acompañar de los hipolitistas, pepehachistas, que por su terquedad se quedaron fuera del plazo que dio el PRD para su reinscripción. Pero además, Guido contó no solo con el apoyo logístico y militantes de los autocalificados como “PRD-mayoritario” que liderea Hipólito Mejía, sino de sus “hacedores de opinión pública”, de sus talibanes de la tergiversación periodística y expertos en hacer oposición política disfrazada dizque de “opinión pública”. Cuanta simulación política! Así amigo Guido, no se construye liderazgo, no se logra unamayor confianza por parte de los ciudadanos. Solo con un partidodisciplinado, rígidamente centralizado y altamente cohesionados se podrá llegar a tener resultados, éxitos electorales. Y eso lo sabe muy bien el presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado. A quien engaña Guido?. Absolutamente a nadie….

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