POR CLAUDIA ALMONTE
El alcoholismo en general es uno de los problemas de salud mayores en el mundo. Un consumo de alcohol en exceso tiene su impacto en todos los sistemas del organismo humano, pero sobre todo a nivel del sistema nervioso central, el tracto gastrointestinal, los órganos hematopoyéticos y el sistema cardiovascular. El alcohol interfiere con la administración y mecanismo de acción de muchos medicamentos, además puede exacerbar una gran variedad de enfermedades clínicas.
El consumo mantenido y excesivo puede dañar el corazón porque el alcohol es un tóxico para el músculo cardiaco, puede llegar a debilitar el corazón y causar una enfermedad denominada miocardiopatía dilatata (el corazón aumenta en dimensiones y disminuye la fuerza de “bombeo”), provocando en el paciente síntomas de insuficiencia cardiaca. Por otra parte, hay determinadas arritmias cardiacas relacionadas con el consumo excesivo de alcohol, como la fibrilación auricular.
Es bien sabido que un consumo moderado de alcohol (vino) puede ser favorable desde el punto de vista cardiovascular. De hecho, pequeñas dosis de alcohol, que no deben superar los 40-50 gramos diarios, inducen a un aumento del colesterol HDL (el bueno).
Pero es innegable que la línea entre la moderación y el exceso en la ingesta diaria de alcohol es fina y fácil de traspasar: no más de una copa diaria en mujeres o dos en hombres, según la Asociación Americana del Corazón (AHA). Este efecto se ha atribuido a su influencia beneficiosa sobre el perfil lipídico (colesterol ) y la fibrinolisis, disminuyendo la agregación plaquetaria y ciertos factores de coagulación.
Pero el exceso de alcohol es indudablemente perjudicial. De hecho, se ha descrito una relación entre consumo de alcohol y el desarrollo de eventos cardiovasculares o mortalidad de todas las causas en forma de jota (inicialmente beneficioso, cuando que sobrepasa cierta dosis se convierte en claramente perjudicial), todo ello en personas aparentemente sanas. El abuso de las sustancias alcohólicas, así como de otras drogas, produce un aumento de los niveles de colesterol y triglicéridos (lo que afecta a nuestro corazón directamente).
Los enfermos que regularmente no consumen nada de alcohol no deben ser animados a hacerlo. Además, hay que señalar que, puesto que el abuso de alcohol se relaciona con el desarrollo de eventos cardiovasculares, a los pacientes que beben mucho se les debe aconsejar vivamente que se abstengan.
Tomar bebidas alcohólicas en exceso no solo pone en peligro nuestra salud, tanto física (cirrosis hepática, accidentes cerebrovasculares, cáncer de mama…) como emocional (depresión), sino que además con el tiempo puede dañar el corazón y aumentar la presión arterial.
Los excesos son nuestro peor enemigo en el cuidado del corazón y de sus funciones. Por eso debemos de cuidarnos de los malos hábitos como el excesivo consumo de alcohol.
JPM

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