Honorables ciudadanos y deidades supremas del mundo cristiano:
1 -Actualmente, la mayoría de los dominicanos estamos conscientes de que la identidad cultural, soberanía y paz social de nuestra República están seriamente amenazadas por una inmigración excesiva de extranjeros. Esto ocurre principalmente con las olas masivas de ciudadanos haitianos con escasa educación y muchas veces con nulos valores cívicos y morales. Estos estas personas, por desgracia, se han esparcido palmo a palmo por todo el territorio nacional como si una vez más fuesen a tomar nuestro territorio. En este tenor, no hay una sola provincia, municipio, paraje, campo, aldea, barrio, villorrio, gueto, por más remotos que estos sean, donde no esté esa casta de manera masiva, en muchos casos, excediendo el número de los dominicanos.
2 – A esta calamitosa inmigración hemos llegado por la desastrosa situación que vive Haití y por la irresponsabilidad de los gobiernos y de los sectores privados que han tenido la rienda de la República desde la era maligna del sátrapa Trujillo. O sea, que esta problemática viene de lejos; con la desgracia de que, en vez de corregirla, los gobiernos subsiguientes y sectores privados la han agravado. Con esta trata de personas, Trujillo dejó a miles de haitianos en lo que eran sus 12 ingenios. Es historia que estos haitianos traídos a fuerza para el corte de la caña, Trujillo, el Central Romana, los Vicini y demás dueños de ingenios de azúcar tuvieron a estos hombres esclavizados. En esta condición les impedían la regulación del estatus migratorio, los trataban como a bestias, sin que pudieran disfrutar del más mínimo de los derechos humanos.
3 – Por cierto, Héctor Marrero Aristy, en su obra “Over”, Francisco Moscoso Puello en “Cañas y bueyes” y Jesús García en su libro “Esclavos en el paraíso” describen magistralmente la degradación de la condición humana y los abusos a que eran sometidos los braceros haitianos en los campos de caña de los ingenios mencionados. De hecho, el misionero católico español Christopher Hartley Sartorius, quien ejerció su ministerio en los bateyes del Este, al efecto, denunció el régimen de esclavitud referido, por lo que fue expulsado de mala manera de la República por presión de los barones de la oligarquía azucarera. Esa proscripción lo salvó de pagar con su vida “su atrevimiento”. Por otro lado, el autor de “Esclavos en el paraíso” también fue forzado a salir del país, un hecho que salvó su vida, y su libro fue prohibido. La censura fue tal, que los ejemplares que ya estaban en las librerías fueron recogidos militarmente.
4 – En esta esclavitud, Trujillo, el Central Romana, los Vicini y los demás dueños de ingenios de azúcar competían con el trato que los esclavistas de los estados suristas de Estados Unidos les daban a los negros que habían traído de África para trabajar en sus plantaciones de algodón. También competían con el maltrato que Leopoldo II les dio a los congoleños en las plantaciones de caucho. Un trato tan “humanitario”, que mató, con castigos crueles e infamantes, de 10 a 20 millones de los nativos del Congo.
5 – En nuestro país, los empresarios azucareros mencionados fueron tan semejantes a los esclavistas extranjeros mencionados, que han hecho malabares para evadir pagar las obligaciones contractuales correspondientes a unos tres mil obreros que milagrosamente han sobrevivido a 30, 40, y hasta 50 años cortando caña en condiciones infrahumanas. Por ejemplo, estos empleadores se han negado a pagar 3 o 4 mil pesos de pensiones que corresponden a unos tres mil braceros que han sobrevivido a la tragedia esclavista de sus vidas.
6 – La última maldad que la oligarquía azucarera hizo contra esta gente desarrapada fue agenciarse la Sentencia 168-13. Lo hicieron tan solo para deshacerse de la responsabilidad social y económica que les correspondía asumir frente a 250 mil dominico-haitianos que quedaron cesantes cuando la industria azucarera, a partir de 1999, colapsó, se privatizó y dejó de ser la columna vertebral de la economía dominicana.
7 – Con esta sentencia, 250 mil personas que tenían la nacionalidad dominicana fueron arbitrariamente despojadas de ese derecho, puesto que en ese momento estaban en vigor las leyes que otorgaban la nacionalidad por sangre y por nacimiento (ius soli e ius sanguinis) a los nacidos en nuestra patria. Para llevar a cabo la perversidad de esa sentencia, se decidió que a esos seres humanos no les correspondía la nacionalidad dominicana porque estaban de tránsito, y por ende en condición migratoria irregular.
8 – La maldad de esta decisión es clara. Para ella, malinterpretaron alevosamente el concepto de «tránsito», ignorando el tiempo, puesto que una generación que responde a 84 años de existencia, jamás se puede decir que está en tránsito o de paso. Además, impertérritamente ignoraron la Constitución, al violar la no retroactividad de las leyes que ella establece, cosa que hicieron para justificar que a esta quinta generación no le corresponde la nacionalidad dominicana. Hablo de la quinta generación que los barones del azúcar están atacando, debido a que esta es la descendencia de aquellos antepasados asentados en tierra dominicana desde 1929, es decir, 84 años atrás con respecto al 2013, año de emisión de la sentencia de marras.
9 – Esta interpretación de la “estadía en tránsito y situación emigratoria irregular” es una aberración, puesto que no tiene criterios lógicos, ni jurídicos, ni humanos, es anómala, lo que hace que la sentencia 163-13 sea ilegal y nula de pleno derecho. Todo esto ha sido una conspiración perversa contra gente pobre y vulnerable hasta lo indecible. Esto ha sido un abuso de poder y el ejercicio de la maldad en su máxima expresión. Lo absurdo del caso es, que Milton Ray Guevara, en 1978, a la sazón secretario de Estado sin cartera en el gobierno de don Antonio Guzmán, trajo al país unos 40 mil haitianos sin que se tenga noticia de que los haya repatriado. ¡Pero oh cosas de la vida! Para muchos, Ray Guevara es un patriota a carta cabal, mientras se tipifica de traidores a la patria a los que nunca hemos comercializado ni comerciaremos con la trata de personas, y mucho menos cuando se trata de seres humanos vulnerables que son trasegados a otro país para oprimirlos, explotarlos y masacrarlos.
10 – Para emitir esta sentencia, el Tribunal Constitucional y la Suprema Corte de Justicia concluyeron postulando que los hijos de padres en condición migratoria irregular, pese a haber nacido en territorio dominicano, no tienen derecho a la nacionalidad dominicana. Este fallo se apoyó en un principio que data de 1929 y consignado en el texto constitucional vigente desde 2010, que excluye de la nacionalidad automática a los hijos de extranjeros en tránsito o en situación irregular, refrendado por el principio jurídico de que un ilícito no genera derechos.
11 – A primera vista, para los desconocedores de la ciencia jurídica y de la historia, el espíritu de esta sentencia es prodigioso, tal como sostienen Vincho Castillo y cientos más de abogados al servicio de las élites. Dicho sea de paso, son estos poderes fácticos los que han llenado el país de haitianos. Me refiero a los que dominan el negocio del azúcar, de la construcción, del turismo, la agropecuaria y políticos y militares deshonestos, sin escrúpulos y sin amor a su patria.
12 – Toda sentencia, para ser justa, tiene que apoyarse en leyes justas. Una vez la esclavitud se apoyaba en leyes, pero no eran justas, sino, infames e inhumanas. Entonces, todo aquel que aceptaba la esclavitud como buena y válida porque era refrendada por leyes, incurría en una aberración, por comisión u omisión. Lo mismo puedo decir de todo aquel que apoya la sentencia 168-13.
13 – Veamos: existen varios grupos, social y económicamente poderosos, con inmenso interés en deshacerse de la obligación contractual que tienen con 250 mil dominicanos de ascendencia haitiana. Para ello, mueven sus influencias y concretizan sus deseos con la susodicha sentencia. Para lograrlo, tergiversaron términos y principios jurídicos. Una estadía de casi cien años le llaman en tránsito. Al efecto, tipifican a los descendientes de aquella generación originaria como hijos de extranjeros en tránsito; en consecuencia, determinan que esos seres humanos están en situación irregular. Con estas tergiversaciones logran el objetivo buscado: aquellos 250 mil dominicanos de ascendencia haitiana, no son dominicanos; por lo tanto, hay que expulsarlos para Haití, según ellos, su país de origen.
Sigamos analizando el tema que nos ocupa como si se tratase de experticio jurídico, lo que nos permitirá conocer si la mencionada sentencia es justa o no.
14 – En este peritaje encontramos que la mayoría de aquellos braceros que Milton Ray Guevara y comparte tipificaron con estatus jurídico en tránsito y en situación irregular, fueron traídos, unos en contra de su voluntad porque eran apresados en las calles y subidos a camiones que los transportaban directamente a un batey donde eran segregados y esclavizados. Como aquella gente no sabía leer y escribir y llegaban sin documentos de identidad y a la vez eran impedidos de salir de donde eran encerrados, por esas razones jamás podían regularizar su situación. En este caso, la regularización debió ser una responsabilidad del Estado dominicano que los trajo a territorio dominicano. Eso nunca sucedió, porque no interesaba. Lo que importaba era explotarlos hasta más no poder. Incluso, sus amos aquí eran dueños hasta de sus propias vidas, de las que disponían hasta golpearlos y asesinarlos sin consecuencias penales, ni civiles.
15 – En ese mar de penurias pasaron más de cien años generaciones sucesivas de braceros haitianos. Ahora, sin tomar en cuenta esas premisas históricas, nos cebamos con los descendientes de la quinta generación de aquellos hombres y mujeres que fueron explotados, abusados y oprimidos. En este avatar se ha obviado que ellos, con su trabajo esclavo, contribuyeron al desarrollo de nuestro país y con el enriquecimiento de un reducido número de empresarios azucareros, de la construcción y del turismo. Después, al pasar del tiempo, los descendientes de aquellos oligarcas han gozado de fortunas enormes producidas por el trabajo esclavo de las generaciones sucesivas de aquellos seres humanos que gastaron sus vidas en trabajos forzados a cambio de miserias, abusos y muerte a destiempo. A través del cristal de esa aberración social y política, esos aportes no se reconocen. Para esos obreros no hay agradecimientos, ni reconocimientos; al contrario, sobre ellos vociferan anatemas, les muestran desprecio y les emiten condenas de muerte.
16 – Previo a esta sentencia no teníamos los problemas internacionales que hoy afrontamos, puesto que esta representa un acto de apartheid según la definición del Estatuto de Roma, firmado por la República Dominicana.
17 – Había otra forma para que la República Dominicana estableciera su derecho a definir a quiénes les tocaba la nacionalidad dominicana sin que fueran afectados los 250 mil dominico-haitianos señalados, pero escogieron la Sentencia 168-13, como la fórmula perfecta para que los empresarios del azúcar, tal como ya he señalado, se deshicieran de la responsabilidad social y económica que por ley tenían con aquellos 250 mil dominico-haitianos. El tiempo me ha dado la razón; el dinero que les correspondía a aquellos negros pobres y analfabetos, por concepto de cesantía y otras prestaciones laborales, les ha sido negado; a la vez que todos ellos han sido desalojados de los predios que habían sido suyos por heredad de sus ancestros. A todos los dejaron en la calle como a perros. El pedido de justicia para estos dominicos-haitianos, de nada ha valido ante la justicia dominicana y los poderosos empresarios azucareros referidos.
El Colegio Dominicano de Abogados de la RD apoya las deportaciones
18 – Trajano Vidal Potentini, presidente del Colegio de Abogados de la República Dominicana (CARD), en un documento que ha hecho público ha dado su apoyo a las deportaciones masivas de ciudadanos en situación migratoria ilegal. En el documento se reconoce “el carácter prudente, humano y apegado al derecho internacional con que el Gobierno dominicano conduce las deportaciones de ciudadanos en situación migratoria ilegal”.
19 – Lo primero que tengo que señalarle a este jurista es que esta deportación no se trata de ciudadanos, sino de individuos o personas. Los ciudadanos no se deportan, a menos que no sea en régimen dictatorial, tal como sucedió en la “era gloriosa de Joaquín Balaguer”. Tal como lo describen los textos jurídicos, un ciudadano es un individuo integrante de un Estado nacional, sujeto a sus leyes y provisto, por lo tanto, de derechos y obligaciones. La ciudadanía, por lo tanto, es una categoría jurídica, política y filosófica, que forma parte de la identidad nacional y contempla tanto las condiciones necesarias para pertenecer a un Estado, como los deberes y derechos que ello otorga. Cada nación determina, según sus propias leyes, el modo en que se ejerce y los tipos de ciudadanía que puede haber en su territorio. Pero sin acudir a lo medalaganario, tal como hicieron los jueces del Tribunal Constitucional cuando emitieron la sentencia 168-13.
20 – Lo primero que tengo que señalarle a este jurista es que esta deportación no se trata de ciudadanos, sino de individuos o personas. Los ciudadanos no se deportan, a menos que no sea en un régimen dictatorial, tal como sucedía en la “era gloriosa Joaquín Balaguer”. Tal como lo describen los textos jurídicos, un ciudadano es un individuo integrante de un Estado nacional, sujeto a sus leyes y provisto, por lo tanto, de derechos y obligaciones. La ciudadanía, por lo tanto, es una categoría jurídica, política y filosófica, que forma parte de la identidad nacional y contempla tanto las condiciones necesarias para pertenecer a un Estado, como los deberes y derechos que ello otorga. Cada nación determina, según sus propias leyes, el modo en que la ejerce y los tipos de ciudadanía que puede haber en su territorio. (Pero no medalaganariamente).
21 – Estoy totalmente de acuerdo con el jurista Potentini y con el gobierno dominicano que preside el presidente Luis Abinader con este asunto de la deportación de individuos o personas en situación migratoria irregular. Más cuando se trata de nacionales haitianos, porque si no detenemos este trasiego, perderemos en poco tiempo la soberanía e identidad nacional de nuestra patria.
22 – En lo que no estoy de acuerdo con Trajano Vidal Potentini es con la deportación de aquellos dominicanos con ascendencia haitiana que la sentencia 168-13 desnacionalizó de manera cruel, abusiva, inhumana y arbitraria. En los párrafos precedentes ya he explicado las razones históricas, económicas y sociales de esa inhumanidad y arbitrariedad.
23 – En su documento, Vidal Potentini refiere “el carácter prudente, humano y apegado al derecho internacional” con que el gobierno dominicano está realizando las deportaciones referidas. Veamos si esto es cierto.
24 – En primer lugar, si estas deportaciones estuvieran apegadas al derecho internacional, no hubiésemos tenido de la “comunidad internacional” los embates contra esa sentencia y contra las deportaciones de individuos desnacionalizados por ella.
25 – En segundo lugar, estas deportaciones, que proscriben a los dominicanos con ascendencia haitiana, no tienen un carácter humano. Esto es debido a que los «dominicanos de quinta generación», afectados por la sentencia en cuestión, no tienen ningún lazo familiar, ni geográfico, ni económico, ni cultural con Haití. Por lo tanto, no tiene nada de humano colocar a un ser humano en un lugar que no conoce, donde no se habla su lenguaje, donde nunca ha estado, donde no tiene familiares ni amigos, ni propiedades, y donde solo va a sufrir y a morir. Para más, observo que se trata de gente paupérrima que, sin un centavo en los bolsillos ni para subsistir, son llevadas a ese Haití inhóspito e infernal donde son tiradas a la intemperie como si fueran basuras.
26 – Y no digo que son tratados como bestias, porque por lo general los humanos amamos a los animales. Por ejemplo, los agricultores cuidan con esmero su ganado en la época de crecimiento y desarrollo. Ellos tratan muy bien a sus cerdos, sus caballos y vacas para que no se enfermen y mueran. Aunque, por esas absurdidades de la vida, un día los sacrifican en el matadero o en el patio de la casa para comérselos o hacer con ellos jamones y longanizas y cuanto embutido sea posible.
27 – Tercero, si el jurista Potentini persiste en creer que el procedimiento seguido en estas deportaciones es humanista, debería visitar esos centros de detención. Así él conocerá de primera mano lo que es el infierno en la tierra y advertirá el nivel de barbarie al que puede llegar un ser humano, cuando, envilecido, maltrata a sus congéneres al considerarlos inferiores. También evidenciará el rol aberrante y preponderante que juega el dinero de las coimas en esos lugares.
28 – Pero sucede, que estos dominicanos de ascendencia haitiana, al ser deportados con solo la ropa que llevan encima y con el alma destrozada, para una tierra inhóspita que les es ajena, al llegar allí y no tener dónde residir, donde guarecerse, donde dormir, donde cocinar sus alimentos, donde tomar agua y bañarse ni donde hacer sus necesidades fisiológicas, sin dinero para comprar el pan de cada día, lógicamente caen en la inanición. Al efecto, son presas de una depresión profunda que irremediablemente los mata. Se puede decir que el 80 % de estos deportados mueren destiempo en condiciones atroces. Esta situación se agrava, porque hoy Haití es un infierno, donde la subsistencia le es difícil a los mismos haitianos familiarizados con su tierra, porque nacieron allá y porque nunca han salido de esa media isla. Y si el hambre, la sed y la muerte acosan a los nativos, figúrese usted lo que les pasaría a los que son arrojados a esa tierra desértica y sin ley. Sería como arrojarlos a una cueva con leones hambrientos o de serpientes y alimañas venenosas.
29 – En resumida cuenta, mandar a un dominico haitiano de la referida quinta generación para el Haití de hoy, es una versión del crimen que Benjamín Netanyahu está cometiendo en la Franja de Gaza con los gazatíes. En Gaza, Netanyahu los priva de agua, comida y electricidad para que todos mueran en masa. También en enviados para Haití morirán en masa. Allá no es que se le prive a propósito de agua y alimentos, sino que allá no hay de nada para subsistir. Entonces estamos hablando de que cuando un dominico haitiano se envía hacia Haití, es seguro que su destino será la muerte por hambre, sed e inanición.
30 – Señor Potentini, ¿es esto humano tal como usted refiere? ¿Semejante condena a muerte es algo prudente y humano? ¿Se puede justificar el fin atroz de estos seres humanos por sentencias amañadas, elaboradas en los bufetes de abogados que responden a los intereses de una oligarquía indolente con el destino del propio país en que nacieron y con sus congéneres?
Solución a esta tragedia humana
A – Para resolver con justicia el asunto migratorio que nos ocupa, hay que crear un tribunal colegiado cuyos jueces deliberen si procede o no, una deportación. En los casos de los dominicanos con ascendencia haitiana afectados por la sentencia 168-13, la deportación no procede. Puesto que ello sería condenar a la muerte a miles de dominicanos con ascendencia haitiana y homologar un dictamen asquerosamente discriminatorio. Lo que humanamente procede es otorgarle la nacionalización a la quinta generación que hemos referido, o, en su defecto, proceder a la regularización. Pero jamás, evacuarles una sentencia de muerte, como sería enviarlos para Haití.
B – Espero que las reflexiones y el contenido de este documento no caigan en el vacío. Que aquellos encargados de velar por la soberanía nacional y el bienestar de los ciudadanos, así como quienes administran justicia, depongan sus egos, prejuicios, xenofobia y discursos racistas, clasistas y de odio. Solo así prevalecerá el espíritu de una verdadera justicia donde los derechos humanos y la humanidad hacia nuestros congéneres se impongan contra cualquier ardid jurídico e intereses bastardos. Solo así evitaríamos que caiga sobre nuestro país un karma demoledor, sujeto a la ley de causa y efecto. «Quien a hierro mata, no puede morir a sombrerazos».
Finalmente, les dejo la palabra, a quienes me he dirigido solicitando su atención, a mis lectores y al pueblo dominicano.
sp-am